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Pepu: "Hemos ganado algo más que un título"

La presencia de Pepu Hernández, entrenador de la selección campeona del mundo de baloncesto, concitó ayer un enorme interés en el Foro Ferrándiz-AS. El técnico, con su estilo sencillo y didáctico, explicó algunas de las claves del Mundial y analizó la repercusión del oro.

<b>MÁXIMA EXPECTACIÓN. </b>El auditorio de la Fundación Ferrándiz se llenó para asistir a la intervención de Pepu, que en la imagen explica algunas de sus estrategias.
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Será el amor, pero últimamente le veo cierto parecido con Al Pacino, quizá por el peinado o por la melena que crece, sin que se decida a visitar la peluquería, por si le piden otro discurso y le ponen luego la foto como reclamo en el escaparate, junto a la de la Schiffer. Las esclavitudes de la fama. Pepu ya no es sólo un entrenador de éxito, ahora es un guía (Hammelin, Kennedy, Ghandi). Alguien aparentemente bueno que habla de cosas indiscutiblemente buenas: generosidad, trabajo, constancia... Alguien que ha ganado importancia a base de quitársela. El profesor que nos llevaba al campo para darnos clase de ciencias. Mejor eso.

Su poder de convocatoria demuestra el consenso sobre su figura. Ayer, en el auditorio del Foro Ferrándiz-AS, había niños y mayores, periodistas surtidos (de Pipi Estrada a Miguel Ors), políticos y gente del baloncesto de todo tipo y condición. Allí estaban, entre otros muchos, el entrenador del Real Madrid, Joan Plaza (camisa ibicenca), acompañado del director de la sección, Juan Carlos Sánchez. Sólo faltaba Divac.

Cuando Pepu irrumpió en la sala, precedido por el gran Pedro Ferrándiz, fue recibido con un aplauso entusiasta, al que contestó con una sonrisa que sigue fresca mes y medio después de conquistar el mundo.

"Gracias a todos, de verdad. Hemos tenido unas sensaciones extraordinarias desde nuestro regreso. Siento que no sólo hemos ganado un título. Hemos conseguido un triunfo de una forma diferente, mostrando unos valores que puedo asegurar que han salido de forma natural. Creo que nos han dado el premio Príncipe de Asturias, no sólo por ganar un Mundial, sino por la imagen que se ofreció. Alguien dijo que se nos hubiera perdonado perder y puede que sea cierto".

Y una anécdota para ilustrar el fenómeno. "El pasado sábado cenaba en un restaurante de Oviedo y había una pareja junto a mi mesa. La chica me tocó el hombro y me dijo que quería saludarme, que su marido era más tímido y no se atrevía. Ambos me contaron una historia. Él es ingeniero y está trabajando en la tuneladora que construye el túnel de Pajares. Pues bien, el día que jugamos contra Argentina los operarios le pidieron un descanso para poder seguir nuestro partido por Internet. Se lo dio y en el siguiente turno batieron el récord de colocación de anillos. Pregunté qué hicieron en la final y me dijo que en la final no pararon porque estaban seguros de que ganaríamos. A mí eso me emociona".

"Siempre he insistido en la teoría de los círculos concéntricos. El primero lo formaban los jugadores, entre los que siempre hubo caras de convencimiento y alegría. He compartido 55 días con un grupo magnífico, con grandes personalidades que han sabido trabajar y olvidar su condición individual por el bien del grupo. En ese círculo estaban también delegados, médicos... todos generaron buenas vibraciones, y si alguna vez hubo problemillas nunca llegaron a convertirse en problemas. El siguiente círculo fue la Federación, la logística. Eso funcionó perfectamente. El tercer círculo fueron los medios y el cuarto, la afición. Ninguno nos falló".

"Quiero aclarar que en la celebración no dije 'baloncesto' contra nadie, sino a favor de algo: hay unos valores que tenemos que intentar transmitir. Me llaman idealista, pero apuesto por el trabajo en grupo, por la constancia, el esfuerzo y la educación".

Educación.

El mensaje va para los chicos de la Sagrada Familia y las Irlandesas, que atienden boquiabiertos: "No hay que elegir entre estudios y deporte, no hay que entrenarse tantas horas. Debe haber tiempo para formarse en lo cultural y deportivo. Y se necesita una formación especial para entender un juego que puede llegar a ser complejo. Necesitamos baloncestistas inteligentes. A los jugadores para los que sólo existe el baloncesto es más fácil que les tiemble el pulso en el momento clave".

Entre filosofía e idealismo asoma, claro, la figura de Pau Gasol. "No sé si es el mejor baloncestista español de todos los tiempos, es complicado sólo diré que es extraordinario y que para mí ha sido una gran experiencia trabajar con él por su actitud y por su aptitud. Su presencia mejorará el baloncesto".

Interviene entonces el mítico Emiliano (12 ligas, cuatro Copas de Europa y mejor jugador de los Campeonatos de Europa de 1963 y 1969): "Algunos han dicho que yo he sido el mejor jugador español, pero debo decirles que el mejor baloncestista que ha nacido en nuestro país se llama Pau Gasol".

Cuando se abre el coloquio, Julián Redondo (La Razón) pregunta si es cierto que las primas no se negociaron hasta después de la final y que la mitad se donó a Unicef. "De verdad, no lo sé. Desconozco hasta la cuantía de las primas de los jugadores (unos 72.000 euros por cabeza y sí, la mitad a la beneficencia)".

Frederic Hermel plantea si la ausencia de "nacionalismos" benefició al equipo. "No sé definir patriotismo, pero he tenido la oportunidad de ir a la Selección y representar a mi país. Y puedo decir que no he visto nacionalismos en el equipo, sólo un grupo de buenas personas que se reunía para hacer buenas cosas. Dimos la imagen que sentíamos".

Alguien recuerda que Artur Mas sugirió que Gasol tal vez tenga que decidir algún día si jugar con España o con Cataluña. "Comentarios así son un flash de oportunismo. Pau no tiene ninguna duda de dónde está y con quién está".

Lo que ha significado la Selección de baloncesto lo explica bien Juan Manuel Gozalo (RNE) con una anécdota. "Mi tía Julita tiene 89 años. La llamamos la galáctica. Hasta este verano sólo le gustaban los toros, pero durante el Mundial ¡se tragó todos los partidos de España! Cuando la pregunté el motivo, me respondió: 'Me molan estos tíos".

Pepu descubre las claves de la unión del equipo. "Trabajamos sobre varias palabras. Una de ellas era confianza. Confianza para comunicarnos. Otra fue respeto. Y generosidad. Éramos conscientes de ser unos privilegiados que habíamos sido elegidos. Y nos decíamos: podemos hacerlo, podemos vencer. La final, por ejemplo, se empezó a ganar en el vestuario con la ayuda de Pau, que se acababa de lesionar".

El momento más tenso del Mundial, contra Lituania, "porque perder hubiera sido jugar del quinto al octavo". El más duro, contra Argentina, que "nos lo complicó con lo legal y con lo ilegal".

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Respecto al papel de Estados Unidos, crítica prudente: "Valoran cosas más restringidas del juego como el uno contra uno y el dos contra dos, y tienen problemas en un juego más complejo, de cinco contra cinco...".

Sobre el futuro, Pepu dice que seguirá al frente de la Selección "mientras me aguanten y pueda echar una mano". "Tengo contrato hasta 2007 y por habernos clasificado creo que también hasta los Juegos de 2008. Me tratan muy bien y estoy encantado".

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