El talento griego acaba con los Estados Unidos
El vigente campeón de Europa tardó un cuarto en entrar en el partido, pero cuando Papalukas tomó la batuta del juego heleno revolucionó el partido. Con él, Spanullis y Diamantidis en el tiro exterior, los LeBron, Wade y Anthony hincaron la rodilla por tercer campeonato consecutivo.


Se acabó la farsa, se terminaron las excusas. La mentira no puede durar más: el baloncesto NBA es inferior al que se juega en Europa. Grecia lo corroboró ayer derrotando por tercer campeonato consecutivo a una selección de los Estados Unidos con muchas figuras de su liga, Dwyane Wade incluido, el MVP del último campeonato. Le faltaban Bryant, Garnett, Duncan y varios m pero Grecia es un país de 11 millones de habitantes y se midió con medio continente. La batalla era desigual y la volvió a ganar David. Goliat es muy grande, y tremendamente fuerte, pero juega peor. Así de claro. Que no les engañen y les vendan la camiseta equivocada.
Los mates, los músculos y el alarde físico es un complemento. Ayer se quedó en ornamento ante la exhibición de talento de una increíble Grecia guiada por el mago Panagiotis Giannakis, oro como jugador en el Eurobasket-87 y como entrenador el año pasado.
Giannakis humilló a su rival Krzyzewski, y a toda su pléyade de ayudantes expertos, con Mike D'Antoni a la cabeza. En un mes no han podido enseñar a los suyos lo que no aprendieron en años. Enfrente, una Grecia sin contaminar, que no tuvo representante en la NBA la pasada campaña (Spanulis actuará en Houston el próximo año). Allí andan los mejores, bastantes no estadounidenses; sin embargo, la involución americana no hay quien la frene.
¿Y Grecia? La cuna de la civilización occidental, entiende de todo. ¿Verdad Papalukas? ¡Qué jugador! Cuando entró en acción (12-18) impuso la revolución tranquila. Buscó a Baby Shaq, La Mole Humana, aunque llámenle Sófocles Schortsanitis, no le agradan los apodos a este tipo de 2,06 metros y en torno a 150 kilos. Entre ambos encadenaron 14 puntos: 45-41 al descanso.
Spanulis se juntó a Papalukas, y con Diamantidis formaron la Santísima Trinidad, un Dios encarnado en tres jugadores. Grecia, lanzaba; Estados Unidos, sin pívots, con los afamados Anthony, LeBron y Wade, más un base y un falso center. El rebote se igualaba, los cuatro griegos lo tenían más fácil en la pintura y la defensa zonal terminaba de romper a los enviados del Tío Sam.
Naufragaba América: 69-55 a 15 minutos del final. Anthony, Wade y LeBron iban a la carga (95-91 tras triple de Hinrich), mas no pudieron. No hay más, sin excusas: sabían qué les esperaba y fallaron. Ni siquiera fueron soberbios antes del torneo, sino humildes y elogiosos con los rivales. Cayó su prepotencia, la realidad les golpea. Grecia lo ha vuelto a hacer.
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