Mundobasket 2006 | Análisis

España: Obreros cualificados

Semifinales. Ya nada va a ser tan fácil. O sí, no lo sabemos. Lituania no ha sido más diferente que la otra media docena que besaron la lona bastante antes de tiempo. Esta vez fue en el primer cuarto. Grandes pilares defensivos y de confianza ciega hacen la vida más sencilla. Manos rápidas; traseros a ras del suelo.

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Te levantas por la mañana pronto. Es agosto, pero año tras año, el mes de la playa en el calendario lo parece menos. Atascos en la carretera; como sardinas en el metro, con la novedad de que ahora vamos envueltos en papel de periódico gratuito.

Hoy importa menos. La cabeza está en otro sitio. Toca baloncesto en horario raro. Gustan más los partidos a deshora. En esto si que los mundiales de fútbol son igual que los de baloncesto. Son horas de café, que ayuda a crear expectación. Llevamos 15 días igual, esperando el partido de los nervios y el sudor.

Lo bueno es que no llega. España gana. Vuelve a ganar y no hay quién nos cambie el paso. Correcto. Los partidos apretados para los demás, para beber basket, para masticarlo.

Tenemos la sensación de ir en tren bala -el padre del AVE-. Lo alimenta la facilidad con la que fabricamos piscinas en la zona contraria. Como en todos los deportes, los fans se basan en la construcción y los analistas, halagan la buena demolición.

Apetito por la destrucción

España anda sobrado de talento ofensivo. En mañanas de duda de Garbajosa, nos da un poco de palo por él, no por el grupo. Alguien pondrá sus puntos. Ante Lituania volamos al aro, amparados en una sólida faceta de destrucción de una de las tierras que más talento produce.

Los 28 puntos del primer cuarto, se amparan una predisposición atípica de estrellas. España empieza por Gasol. Si él es capaz de no forzar, de no pedir y de dar fuerte para marcar territorio, los demás irán a la guerra.

A Pau le zumban mucho en la NBA. Cuando nos desquicia al otro lado del Atlántico no somos conscientes del proceso de aprendizaje que vive. Podrá tener peores o mejores partidos, pero nunca más volverá a ser blando.

Atribuimos a Calderón la facilidad para escoger ritmos y leer partidos. Gasol, el mayor, no es ciego. Primero da y luego, pregunta. Va al tapón, utiliza los codos y sin abrir la boca, avisa... 'cuidado con el perro'.

Con el tiro de advertencia al aire, empieza en proceso. Subo a defender la línea de pase por alguien cuida mi espalda. Dejo a éste que penetre por el centro porque ya habrá alguien en mitad de camino apagando la luz.

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El culo roza la pintura, los nudillos arrastran por el suelo y eso a los técnicos les encanta. Destruyendo, se construye, se vuela y se enamora. Al menos en el basket de acción que plantea Pepu.

Somos azules, sí, pero no por la publicidad, ni por las motos con las que ha habido que guerrear por la tele en la primera semana. No, por el constante homenaje y reconocimiento al mono de trabajo, al azulón de toda la vida. El que en el fondo, hace que todo funcione.

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