Mundobasket 2006 | Análisis

USA: Melo, Mohammed Ali y el bronce

Pasó la primera fase. Estados Unidos acaba invicta, impoluta, pero no por ello sin dudas. Con el honor en juego, apareció Carmelo Anthony para cambiar las cosas. Una bendición para todos los que lloramos por la ausencia de Iverson. Lo que sigue es una historia de amor y fidelidad de un tipo en constante pelea por justificarse.

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Espero no ponerme sentimental, pero va a ser complicado. Melo Anthony es uno de los favoritos de los fans en Estados Unidos. Ojo, de los aficionados, nunca de los analistas de corbata y gafas. Juega de salón, con pies de poste de clase, culo de pollo y muñeca de terciopelo.

Pasó por la universidad –otro punto a su favor a ojos de los que hilan fino y puro-, ganó la NCAA y fue número dos de Draft. Aún, tras tres años en la competición, no ha ganado un billete para el All-Star y de verdad, extraña, que sea de la partida de la USA Basketball que ante Italia rescató.

Melo ya estuvo en Atenas. Allí tuvo la mala fortuna de encontrarse con un tipo cruel y ventajista con los jóvenes, Larry Brown. Jugó poco, cabreado y mal. Pero ganó el bronce. No pierdan ese dato que ahora volvemos a él.

Hecho en las calles de uno de los barrios más complicados de Baltimore, conocido como ‘La farmacia’ –donde todo el mundo va a comprar droga, alcohol o tabaco ilegal-, se convirtió en una leyenda similar a LeBron. Sus duelos en el ‘High School’ circulaban por Internet a toda velocidad.

Amor de barrio

El estilo de vida afroamericano en ghettos y ‘projects’ –enjambres de mil pisos que daban cobijo a la inmigración en las grandes ciudades a la mano de obra barata - se basa en una vida destinada a salir de ellos. Llenar la saca, cerrar la puerta. Claro, sólo los elegidos pueden en la América de las oportunidades.

No es regla general. Melo nunca ha conseguido salir de su barrio, nunca ha querido. Todo a su alrededor parece equivocado. Amigos que le dan mochilas en las que se olvidan marihuana; una novia de la MTv –Lala Vasquez- que le mete en líos en discotecas y coches a su nombre que aparecen con armas de fuego.

Sin embargo, su gran cuenta pendiente es su lealtad al ‘hood’ –a su barrio-. Después de Atenas, en unos días que pasó junto a sus colegas de infancia y apareció en un vídeo casero para comercializar en el propio barrio –Stop Snitching,‘Stop Chivatos’-.

Es práctica muy común entre los afroamericanos este tipo de cintas. Muestran la vida en el barrio y a qué se dedica cada uno. Hay desde rap, hasta exhibiciones de coches y armas. Más normal es que aparezcan camellos –los ‘Clockers’ de Spike Lee, por ejemplo-.

De hecho, éste en particular, era un toque de atención para todos los que se dedican a hablar con la policía y señalar a supuestos ‘Dealers’ –otra acepción de camello en jerga-. Amenazas de muerte y de palizas, como fondo.

En medio de todo esto, aparece Melo. Sale en segundo plano, hasta que el objetivo va a parar a él. El que graba le conoce y le pregunta:

-"¿Qué has hecho con la medalla de los Juegos Olímpicos?"

- "La tiré al medio del lago".

Era bronce, no era oro. Pero la respuesta era la misma que Mohammed Ali dio a los periodistas cuando le preguntaron por el premio olímpico que ganaba meses antes de ir a parar a la cárcel por negarse a cumplir el servicio militar.

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Imaginen como le han puesto y lo que tiene que pagar. Melo siempre ha reconocido que no fue lo más normal, pero nunca pedirá perdón. Él se debe al barrio que le hizo y marcó, por eso, no aceptó a formar parte de campañas de publicidad para mostrar las bondades de la policía que les sangra en sus calles.

Prefiere ser leal a su manera: jugando al basket, ganando para su país, trabajando para la comunidad, en Denver, en Baltimore o en Japón. Melo es calle, Melo es lealtad, Melo es amor al juego… ¿Fue muy lacrimógena la historia?

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