Mundobasket 2006: Grupo A | Serbia 79 - Argentina 83

Milicic y Rako pusieron en apuros a Argentina

Delfino remontó con defensa y 11 puntos seguidos

<b>EQUIPO INVICTO. </b>Ginóbili endosó 13 puntos a la selección serbia.
Ricardo González
Diario AS
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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La gran Serbia rugió ayer y casi devora a una pobre Argentina, que se tomó una pequeña revancha por la final del pasado Mundial de Indianápolis. En cinco días los serbios han mutado y han pasado de ser un equipo vulgar a una bestia con afilados colmillos. Su bisoñez y un extraordinario Carlos Delfino impidieron la dentellada mortal a la albiceleste, pero los serbios serán un adversario de pedigrí para España en los octavos de final.

Argentina ya andaba clasificada, era primera de grupo seguro; sin embargo, no bajó la guardia, se picó y apretó al máximo, lo que otorga valor a la corta derrota Serbia: 79-83. Los suramericanos lo habían repetido: "Queremos llegar con la vitola de invictos, para dar sensación de contundencia a los rivales". Y lo consiguieron aunque fue en el suspiro final del partido.

Un triple del base-escolta Bojan Popovic había devuelto a los balcánicos la ventaja: 77-76. Dos minutos para el bocinazo. Entonces la serenidad de los pibes, de Scola, Ginóbili, Sánchez y Wolkowyski en los tiros libres, doblegó a los serbios, presa de su inexperiencia. Murieron en la orilla, erraron al final; pero tanto Darko Milicic como Igor Rakocevic (25 puntos, aunque siembra dudas como líder de un equipo grande) jugaron un fenomenal partido. Por ellos se explica que la selección de Serbia pasara de perder 13-22 a ganar al descanso 41-40.

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Una ventaja que se estiró hasta los ocho puntos: 64-56. Entonces, en el arranque del cuarto final, surgió de las aguas un imperial Carlos Delfino. Secó a Igor Rakocevic, negándole la recepción del balón, y se elevó en ataque para descoser la red rival: tres triples y una canasta casi seguidas, once puntos. El sueño serbio se volatilizaba, la pesadilla latía: les espera España en la siguiente ronda, en los octavos de final.

Reseñemos la labor final de Rubén Wolkowyski -antes no- en la defensa de Darko Milicic. El plavo dará de qué hablar en los próximos años. Es una mole de energía en acción y ayer pasó como un ciclón por encima de Oberto. El angelito en cuestión (2,13 m y 120 kilos) acabó con 24 puntos, 12 rebotes, 2 asistencias y 2 tapones. Y cuanto más se acerca al aro, más daño hace. Ojito con éste.

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