Con las manos y los pies
Buenos anfitriones, los mejores. España le metió de 49 a Japón y pocos parecen después de doblarles hasta que les dejamos enchufar de tres. Primera fase, perfecta. Una buena paliza para coger confianza y por fin, Serbia.
A Serbia la quieren vestir de rojo la próxima campaña. Mucho antes, nos la han querido vestir de verde. La FIBA ha hecho una de las suyas, de esas que nos aclaran por qué en Europa el parqué va a rueda del césped.
Mientras todos los nuestros en cancha buscaban sus numeritos, se montaba el circo detrás de las sillas. Nos ponían la cabeza como un bombo y nos decían que en vez de Serbia, nos tocaba Nigeria en octavos.
Encantados de la vida. A los serbios les hemos visto jugar ante Argentina a primera hora de la mañana. Si tienen el día, están equilibrados. No andan mal en la dirección, con Igor Rakocevic, como seguro anotador y Darko Milicic, como prestidigitador. Intimida, salta y abusa de su tiro y confianza.
De lejos, su clase no es la fuerza bruta de Nigeria. Los africanos son músculo y la calidad que pueda aportar Ime Udoka, al que el destino triste del equipo de la capital del mundo le ha devuelto a la NBA sí, los New York Knicks-.
Hechos los honores a los octavos, hablemos algo de la bandera de Japón. Los nipones han sido unos excelentes anfitriones. Tanto que han sido capaces de fabricar en la grada ambientes de gran partido.
Los morales japoneses aclamaban a los suyos cada vez que se sentaban o pisaban parqué. No importaba que se hayan pasado una semana tirando triples. Esto era una cuestión de estado y debían apoyar.
La verdad es que por lo que fuera, vamos a pensar que para meter miedo, a Japón les cosimos como no pudimos a Angola. Los africanos son bastante mejor equipo, pero aún así les deberíamos haber mantenido la distancia.
Lo pobres y eso que tienen buena hacienda- veían manos por todos los sitios cada vez que no intentaban tirar de tres. Al otro lado de la raya de media cancha, el ángulo de visión se limitaba a las espaldas rojas.
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Una que vieron poco, pero más de lo esperado, fue la de Felipe Reyes. Fue la noticia del partido. No importa que la madre de los Gasol no quitase ojo del aro japonés, viendo como su hijo mayor y el mediano no hacían nada más que fundirlo.
Felipe, que también supo en su momento compartir y combatir con su hermano en cancha, tardó 10 segundos en pedirnos su parcela de responsabilidad en este equipo. Rebote en ataque complicado, tiro más enrevesado aún y dos puntos. Yokoso vamos, en castellano del bueno, bienvenido-.



