Mundobasket 2006 | Análisis

La nula educación

Tres de tres. Exhibición parcial de carrera y vuelo del equipo de EEUU ante Eslovenia, una de las llamadas a incordiar. Krzyzewski diseñó dos equipos de asalto y combate que enamoran cuando están en el partido. Fuera de él, con la cabeza en otro sitio, irritan. Brillo con ‘peros’.

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LeBron –hijo de madre problemática-; Melo –crecido en la farmacia de Washington DC-; Wade –rescatado por su hermana de la zona más decrépita de Chicago- o Dwight Howard –amparado en el más fundamentalista del cristianismo- no son malos tipos. Ni mucho menos.

Saben jugar al baloncesto como se hará en el cielo. Han sido generosos en esfuerzo como no muchos antes y se han metido en la misión de eso precisamente, reconquistar la galaxia para las tres siglas.

Desde pequeños, el basket ha sido su único y más sólido refugio, hasta que ahora se han convertido en dinero. Por el camino, el sistema sociopolítico estadounidense clava en ellos sus señas de identidad. Amor a la patria, a las barras y estrellas. Las mismas que le niegan otras posibilidades que ser un dios o morir a los pies de tu portal en un ajuste de cuentas por tonterías varías.

La educación mínima en todos los casos citados conlleva vender al país como el defensor de los valores más puros del planeta. Justifica guerras, magnifica sus vidas por encima de las demás y aprueba hipocresías sublimes.

Ellos se lo creen. No son culpables. No conocen otra cosa. Por ello, se permiten el lujo de alimentar el odio y las ganas globales de verles besar la lona.

En Europa, porque es lo que conocemos, es una penitencia de por vida defenderles. A los que viven de madrugada para verles en directo; los que dejan escapar sonrisas cuando enchufan, nos cuesta mantener el discurso de nuestra pasión ante los ataques de los que son conscientes del papel de los EEUU en el mundo.

Barriendo a Eslovenia, con la boca abierta por la exhibición física y de talento, cometieron uno de sus mayores errores de concentración. Ellos que exigen y defienden el ‘respect’ como parte de su cultura y vida, nos faltaron a todos.

Su venerado ejército es de todo menos gracioso en muchos sitios y menos en Japón. España juega en Hiroshima. Esta ciudad sería tan conocida como Sapporo –es decir, nada de nada-, si no llega a ser porque cierto día sufrieron temperaturas de millones de grados que acabaron con una generación y lastraron las dos siguientes.

Todo lo que suene a guiño al US Army es crítico en nuestra cultura. Por eso, ver a Dwight Howard o a Dwyane Wade saludar como militares quitó gracia al asunto.

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‘Ballers’ de oro, criados en la miseria, la ruptura familiar, la droga y la sangre a precio de agua, desconocen que los valores que defienden por el mundo son los que pudren a los que no tienen la suerte del atleta dorado.

Buen partido, mal gesto.

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