Mundobasket 2006 | Venezuela

"Juego al baloncesto porque me obligaron"

Lichard Lugo es un trotamundos que cerca del adiós ha vuelto a Venezuela, con la que lidera sin pasión la tabla de reboteadores. Se inició en el ejército de su país.

<b>SALTARÍN. </b>Lugo se mueve bien cerca del aro, rebotea y tapona.
Ricardo González
Diario AS
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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Venezuela fue aplastada ayer por Argentina (96-54), pero el equipo vinotinto mantiene opciones de avanzar a octavos. Un pilar venezolano es Richard Lugo (2,09 metros de altura y 33 años de edad), máximo reboteador del campeonato con 12,3 capturas por partido. El pívot juega ahora en su país y ha pasado por Estados Unidos, Brasil, Colombia, Puerto Rico, España, China y Polonia. Cuando era un adolescente fue reclutado a la fuerza para jugar al baloncesto, un deporte que nunca le gustó. Lugo nos lo cuenta: "Yo vivía con mis padres en una provincia del campo, bastante pobre, en el interior del país. Siempre fui muy ambicioso y como no veía futuro en el pueblo decidí dar un giro de 360 grados a mi vida y alistarme en el ejército. El entrenamiento era muy duro en la milicia y como físicamente estaba bien me obligaron a jugar en el equipo de baloncesto de la marina. Me hacían correr y brincar como castigo, hacía basket como penitencia. Entonces tenía 17 años y medía 2,03, pero no me gustaba el baloncesto. Mi pasión era y sigue siendo el fútbol. De hecho, cuando en la televisión retransmiten ambos deportes a la vez siempre veo el fútbol, da igual de la liga que sea. Me gusta mucho el Inter de Milán".

Richard Lugo aborrecía el baloncesto, pero gracias al actual seleccionador, Néstor Salazar, empezó a encontrarle su encanto, aunque no le resultó fácil: "Disputamos un campeonato de Interfuerzas y Salazar era el técnico del equipo del ejército. Después de verme actuar consiguió que me dieran un permiso especial para que saliera a entrenarme fuera. Allí mi sueldo era mejor que en las fuerzas armadas y seguí jugando, más por el amor al dinero que por otra cosa. Poco a poco el baloncesto fue entrando en mi corazón y ahora es un orgullo defender a Venezuela". Esta selección logró el bronce en el Torneo de las Américas en 2005, el mejor resultado del país tras la plata de 1992 con el ex madridista Carl Herrera de estrella.

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