Capaz de tumbar a cualquiera

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Vamos a por el oro". "Nuestras aspiraciones son máximas". "No tememos a nadie". Tras 40 días de preparación, se acabaron las proclamas. Mañana es el día, arranca el Mundial. La Selección hablará en la cancha. Le aguardan dos intensas semanas, que ojalá se recuerden como las más épicas de nuestro baloncesto. Esta vez tanta ambición no es de boquilla. España presentará en Japón el mejor equipo de su historia, aspirante a todo. Lo decimos aquí, pero también fuera, lo que cambia las cosas, acostumbrados a tantas decepciones en el baloncesto y en otros deportes.
Sí, el mejor equipo de siempre; superior incluso al que se colgó la plata en 1984 en los Juegos de Los Ángeles. Más físico y con más talento. Entonces nos metimos en la final tras derrotar a una Yugoslavia en renovación. EE UU, en su pedestal, era inalcanzable. Como la URSS de Sabonis, que nos arrasó en el Preolímpico, pero que no acudió a los Juegos por el boicot. Estadounidenses y soviéticos eran imbatibles, ahora ya no. A la actual Selección, con cuatro jugadores NBA (Gasol, Calderón, Garbajosa y Sergio) se la ve capacitada para tumbar a cualquiera. Nadie le pone límites y únicamente la competición en una mala jugada, como en Atenas hace dos años, podría apearla de la lucha por las medallas. Sólo el equipo USA es a priori superior -queda por demostrar-. El resto de los mortales (Grecia, Argentina, Francia, Serbia...) pelean por seguirnos el paso. Ni que pintado, aunque recuerden: España nunca logró medalla en el Mundial.



