Tau y Barça luchan por una final ACB en Praga
La Final Four comienza hoy con dos representantes españoles. El Tau busca la revancha del año pasado: cayó en la final ante el Maccabi. Y el Winterthur, que juega ante el CSKA, intentará reeditar el título de la temporada 02-03. En Praga se habla español.


Dos de cuatro, es decir, Tau Cerámica y Winterthur FCB representando al baloncesto español en la Final Four de la Euroliga. Es hora de tomar el pulso a nuestro baloncesto de clubes, que a la Selección ya habrá tiempo de diseccionarla el próximo verano en Japón. Tau y Barcelona buscan el pase a la gran final. Maccabi Tel Aviv y CSKA Moscú son sus dos rivales en una ciudad, Praga, en la que se cotiza al alza el español por metro cuadrado. Y también el israelí: hasta 8.000 aficionados amarillos pueden darse cita en el Sazka Arena, la mejor obra de ingeniería baloncestística del Viejo Continente.
Hay muchas cuentas pendientes. En la primera semifinal, sin ir más lejos, la de la venganza por lo que sucedió en la Final Four 04-05, en la que los de Pini Gershon se llevaron el título frente al Tau. En el Maccabi pocas cosas han cambiado, aunque una de ellas con el peso que sólo dan los que realmente son grandes: Jasikevicius. Sobran más detalles. Pero el núcleo duro, el que parece haber puesto coto a la Euroliga (dos títulos consecutivos), se mantiene: Sharp, Parker, Burstein, Baston y Vujcic.
Campeones.
El Maccabi quiere hacer aún más historia, una HISTORIA con mayúsculas como la que hasta la fecha sólo han escrito dos equipos, el ASK Riga (1958, 1959 y 1960) y la Jugoplastika (1989, 1990 y 1991), los dos únicos en ser capaces de proclamarse campeones de Europea tres años consecutivos.
Los de Tel Aviv han cambiado algo el semblante, añadiendo más fuego a su defensa, lo que sin duda van a necesitar para frenar al Tau, al que toda Europa teme desde que logró el billete para la Final Four ante 20.000 fanáticos en el infierno ateniense. Perasovic, como el avecrem, ha enriquecido aún más a un equipo que la pasada temporada ya acarició el título. Prigioni y Scola son los hombres a seguir, tanto por los rivales como por la Prensa. De ellos depende gran parte del futuro-presente-hoy-mismo de este Tau al que el triunfo en la Copa del Rey sirvió para disipar todas sus dudas. El equilibrio juego interior-juego exterior es su razón de ser.
¿Y la otra semifinal? La otra semifinal no es menos importante, también rebosa morbo. Sólo hemos seguido un orden cronológico. En ella se miden Dusko Ivanovic, al frente del Winterthur FCB, y Ettore Messina, liderando al CSKA Moscú, entrenadores que ya fueron rivales en el playoff final de la edición de 2001. Entonces, el italiano se llevó el gato al agua con la Kinder Bolonia. Estos días, ninguno ha querido rendirse en elogios ante el rival de banquillo. Han optado por la diplomacia.
La Bomba.
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El Barcelona ha ido de menos a más a medida que transcurría la temporada. Su profundidad de banquillo preocupa a Messina, y también, cómo no, Juan Carlos Navarro. Ivanovic enciende la mecha, la Bomba prende: "Insisto en que, conociendo el talento que tiene Navarro, aún no ha alcanzado todo el nivel que puede dar de sí", comenta Ivanovic. A Navarro le gustan las grandes citas, más ahora, que tiene que celebrar que ha sido padre por segunda vez (Elsa).
En el bando ruso, ansia es lo que sobra. El CSKA disputa su cuarta Final Four consecutiva. Messina alaba el organigrama del club ex presidido por Alexander Gomelski (fallecido el pasado año), echa de menos a David Andersen (lesionado) y ensalza la labor de Panov, Smodis, Savrasenko o Den Spiegel para cubrir la ausencia del pívot australiano-danés. Todos ellos enderezaron el mal arranque del equipo en la presente Euroliga para llevarlo hasta aquí. Todos ellos y Papalukas, alma del equipo, quien quiere sumar al título europeo de selecciones conquistado en 2005 el de clubes de 2006. Aquí, en Praga, los españoles se preguntan a cuánto se cambia la corona checa.



