La pandilla de Edney hace papilla al Unicaja
Olympiacos hizo papilla al Unicaja. No hay análisis posible más allá de ahí. Ni el magisterio del eléctrico Edney, ni la seguridad de Quincy Lewis. Tampoco los kilos de Baby Shaq. Fue un aplastamiento en toda regla. Y una decepción para el Unicaja, que dice adiós al sueño de Praga.


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Olympiacos hizo papilla al Unicaja. No hay análisis posible más allá de ahí. Ni el magisterio del eléctrico Edney, ni la seguridad de Quincy Lewis. Tampoco los kilos de 'Baby Shaq'. Fue un aplastamiento en toda regla. Y una decepción extraordinaria para el Unicaja, que tenía fiado en este partido todo su futuro en la Euroliga. Y todo se fue al limbo desde el minuto uno. Una puesta en escena perfecta. Una maravillosa tragedia griega. Desconectado, Unicaja sintió una impotencia nunca antes vista esta temporada. Se sintió superado sin discusión por la perfección de los griegos, tocados por sus dioses. Una marea roja imparable. En el día de su obra maestra.
Scariolo asistió desencajado a la última canasta de Edney al borde del descanso (30-49). Ni siquiera protestó su validez. Así estaba el Unicaja de abrumado, entregado a su suerte. El partido se jugó en la mano derecha de Tyus Edney, que tuvo un ejército de secundarios excepcional en Barlos, Zizic, Papamakarios o Schortsanitis. No hubo ningún parcial esperanzador del Unicaja, que dio la sensación de no saber hacer nada más. Y hay días en que las sensaciones engañan. Pero ayer Olympiacos era un equipo inabordable que certificó su clasificación para los cuartos de final de la Euroliga. Garbajosa acabó con la cabeza baja como todo el Unicaja. Un día triste en el Carpena. Praga ya es una ilusión virtual.



