NBA All-Star Game | Este 122 - Oeste 120

Entre las estrellas, Gasol es el máximo reboteador

Pau Gasol entró en la historia como el primer jugador español en un All-Star Game. El ala-pívot de Sant Boi quiso hacer equipo y dejó las filigranas para los demás. La defensa organizada de los Pistons hizo Jugador Más Valioso a LeBron James.

<b>EL REY BAJO TABLEROS. </b>Gasol, en la imagen junto a Ben Wallace, fue el máximo reboteador del duelo.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Pau Gasol decidió no ser egoísta, quiso hacer equipo y, sin anotar puntos, aportó 12 rebotes, más que ninguna estrella, en sólo 14 minutos. Pero la defensa organizada de los Detroit Pistons hizo Jugador Más Valioso del All-Star Game a LeBron James y dio un excitante triunfo al Este. "La defensa gana los partidos", dicen los que saben. El microcosmos de pequeños complots y conjuras que es un All-Star Game se decantó para el Este por esa razón defensiva que suele ser tan insólita en estos festivales. Fue el complot de los Pistons.

Flip Saunders, entrenador del Este y de los Pistons, el mejor equipo de la NBA, cumplió su palabra: "Si hace falta para ganar, pondré a mis cuatro hombres de Detroit en el equipo, con uno más por ahí". Y desde el primer cuarto, Saunders empezó a desplegar como una sola unidad sus cuatro pistones de Detroit, Ben y Rasheed Wallace, Hamilton y Billups, con suplementos como Shaquille O'Neal o Paul Pierce, contra la colección de estrellas del Oeste.

Lo que había sido insinuación antes del descanso (70-53 para el Oeste), se organizó en resistencia armada cuando el Este rozó los 20 puntos de inferioridad: 74-55 para el Oeste. Ahí, Saunders tiró de las chaquetas metálicas sus pistones y del soberbio punch del hambriento LeBron James, y maniató al Oeste entre los minutos 30 y 40, con un parcial de 18-45: de 84-66 para el Oeste, a 102-111 para el Oeste, a seis minutos del final. La soberbia conjunción de la defensa zonal de Detroit, la masa brutal de Shaquille, los alardes explosivos de Wade, genialidades de Iverson y la fuerza acorazada de LeBron doblaron la mano de los artistas del Oeste. A pie de pista se acercaban seres de galaxias tan lejanas como Beyoncé Knowles, Eva Longoria y George W. Bush, ex presidente, padre del actual.

Gasol disfrutaba como un chiquillo barbudo de 216 centímetros y se estrenó como estrella en el minuto ocho: 20-20 en el Toyota Center. Ahí salió Pau, de pívot-pívot. Tras recibir el saludo del gran Bill Russell, Gasol buscó el juego de conjunto y el crédito del equipo. Tanto lo consiguió, que su entrenador, Avery Johnson, lo mantuvo en pista hasta finales del tercer cuarto, pese a sus cero puntos, y pese a recibir un doble tapón espectacular del escultural Big Ben Wallace, el piston más imponente, que también se quedó en cero puntos. Tanta renuncia mental tuvo Pau a la iniciativa en ataque, que a veces parecía la Estatua de la Libertad en el flujo de la ofensiva del Oeste. Fue su único problema: un poco el chico bueno que quiere ganarse el afecto de los patrones.

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Cuando el Este remontó, de la mano de hierro de los pistones y al galope tendido de LeBron, 107-117, tres o cuatro llamaradas de McGrady y Kobe Bryant (líder de asistencias, pero sólo ocho puntos) equilibraron el asunto. Con 120-122, a falta de 16 segundos, McGrady quiso ganarse el MVP con un triple alocado que buscaba la sentencia. Pero las yemas de los dedos de LeBron James vaciaron y rozaron el tiro y la misma mano de McGrady. Y en el Este de los pistones acorazados, LeBron fue el Jugador Más Valioso. Nadie reboteó como Pau Gasol. Ahora, a repetirlo el año que viene. Cuando Gasol anote, gana el Oeste: por éstas que sí.

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