El matador que llegó de Liliput
Nate Robinson (1,75), que en 2002 jugaba al fútbol americano en la universidad, es la atracción del concurso de mates. Desde que Spud Webb (1,70) ganó el título en el año 86, no participaba nadie tan bajito.


Todo el mundo le da una importancia excesiva al tema de la altura. Pero en la medida en que yo juegue como un gigante, todo irá bien". Y está jugando como un gigante, aunque sus Knicks -y los de Larry Brown, padre de la criatura- no funcionen como en la Gran Manzana sueñan desde hace no sé cuántos años. Nate Robinson se ha convertido en un valiente. Su próximo reto tendrá lugar la próxima madrugada (02:30, Cuatro y Canal +) con el concurso de mates. A él acude con sus 175 centímetros, puro humo en la foto de la derecha. En ella, Robinson (Seattle, 31-5-84) intenta robar desde Liliput el balón a Chris Kamam, un Godzilla de 2,13 de estatura.
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La historia ha querido que Robinson participe en el concurso justo 20 años después de que Spud Webb (1,70) maravillara al mundo al proclamarse campeón. Fue un gran revés para Dominique Wilkins, a quien su compañero de equipo le birló el título que dos años después le quitaría Michael Jordan. En Houston, Josh Smith defiende el título logrado el pasado año en Denver, pero la afición está con Robinson. Es su ojito derecho.
Su reto es doble. El más difícil todavía en la carrera de un jugador que hace apenas tres años jugaba al fútbol americano en la Universidad de Washington. "Siempre supe que tenía talento. Por eso le dije que si se decantaba por un solo deporte lograría lo que se propusiera", comenta su padre, Jacque, ex profesional del football. Y Nate eligió el baloncesto. Y a los 20 años tuvo un hijo. Y a los 21 fichó por los Knicks. Y a punto de cumplir 22 quiere volar. Y con esa ambición, cualquiera se atreve a decirle que no tiene alas.



