Reinsdorf ya tiene relevo para Jordan: el béisbol
El dueño de los Bulls guía a los Chicago White Sox.


Jerry Reinsdorf, pastor de la Iglesia judía de la Vida Universal, acostumbra a llamarse a sí mismo "El judío vivo más afortunado". Lo dice Reinsdorf y lo recogía The New York Times, poco antes de que los Chicago White Sox, propiedad del mismo Reinsdorf, conquistaran en Houston, ante los Astros su primer título mundial de béisbol en 88 años.
Reinsdorf tiene toda la razón para asumir su fortuna: propietario mayoritario de los Chicago Bulls desde 1985, él guió a esta organización a seis títulos de la NBA en la década de los 90: con Michael Jeffrey Jordan salvando al soldado Jerry. Reinsdorf daba a Jordan y al superagente David Falk todo el dinero que el ladino Jerry Krause quería escamotear. El fiel sicario Jerry Krause solía decir que "no es a Michael, sino a la organización a quien hay que dar la responsabilidad de estos éxitos".
Krause escribía derecho en renglones torcidos: Jerry Reinsdorf, propietario y responsable de la organización de los Bulls, corona campeones a los White Sox por primera vez desde 1917, con ese brillante 4-0 sellado en Houston.
Dicen que Reinsdorf es la segunda fortuna neta en EE UU. Y la primera de Chicago D. A. C. Después de Al Capone, claro. Contrató un charter para que los empleados de los Sox volaran gratis a los partidos de Houston. Dijo: "No me importaría cambiar los seis anillos de los Bulls por un solo título de las World Series".
OK. Jerry ya ha ganado las World Series. "Espero que no sea un sueño", dicen que dijo en Houston. También dijo: "¿Cuándo miente George Steinbrenner (propietario de los Yankees)?: cuando ves que sus labios se mueven". El MVP de las World Series es un tal Jermaine Dye. No mienta, Jerry, ¿quién es su empleado ejemplar?: ¿ese tal Dye, o ese tal Michael Jeffrey Jordan...?
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El ciclo triunfal de Michael Jordan y los Chicago Bulls acabó gracias al dúo que la prensa de Chicago conocía como "Los dos Jerrys": Jerry Reinsdorf, propietario supremo de los Chicago Bulls desde 1985, y Jerry Krause, el general manager, el astuto y paranoico jefe de operaciones ("El Detective", le llamaban) que en 1997-98 decidió poner fin a la estancia de Phil Jackson y Scottie Pippen en los Chicago Bulls. Cuando Jordan comprobó que Jackson no iba a seguir en los Bulls "ni con 82 triunfos y cero derrotas" (palabras de Krause), el cristal mágico de un equipo maravilloso se rompió para siempre. Desde entonces, ganen más o ganen menos, ni Jerry Reinsdorf ni Jerry Krause han sido santos de la devoción de la experta prensa de Chicago.



