ACB | R. Madrid 67 - Estudiantes 89

La pizarra de Hernández ilumina al Estudiantes

Estudiantes pasó por encima del Real Madrid, que en ningún momento tuvo opción de llevarse el triunfo, e iguala a uno la eliminatoria.

<B>SIN IDEAS.</B> La defensa planteada por Pepu Hernández dejó sin ideas al Real Madrid.
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José Vicente Hernández ha resucitado al Estudiantes en un par de horas, enfundado en el chándal y con el silbato al cuello, en la intimidad del entrenamiento del sábado, su pizarra ha devuelto el pulso al equipo colegial y ha cargado al Real Madrid con el 1-1 en el segundo asalto de las semifinales por el título.

Hay que ser muy bueno para implantar tantos retoques tácticos en un equipo tan rápido como lo ha hecho el técnico colegial. Una mutación completa en un intervalo de veinticuatro horas entre partido y partido.

El Madrid hizo lo que quiso el viernes y Hernández avisó a todos. Dijo que su equipo iba a aprender mucho de esa experiencia. Pues se quedó corto: lo aprendió todo, de cabo a rabo. Pocos técnicos de la escuela yugoslava manejan tantas disposiciones defensivas y las manejan tan bien como Hernández.

El Estudiantes funcionó como una máquina en defensa. Además, volvió a conectar a Hernán Jasen y a Carlos Jiménez, perdidos en el primer partido y vitales en el segundo; refrescó a los bases para que el dúo Sergio Rodríguez-Nacho Azofra superase a la potente línea exterior rival y, para terminar, logró que los pivots sacaran de la pintura a los postes blancos.

La sorpresa dejó helado al Real Madrid. No pudo anotar la primera canasta de dos puntos hasta el minuto nueve -por medio del belga Axel Hervelle-. Los triples apenas le sostuvieron unos minutos. Los quince que anotó en la apertura de la serie le engañaron.

Con cuatro triples contuvo la avalancha que el Estudiantes desató sobre él en cuanto el balón surcó el aire. Cuatro de seis desde el arco y la yugular estudiantil estaba a tiro (12-16 m.7), pero ahí expiró el Madrid. Encajó un parcial de 2-10 hasta el final del cuarto y ya no levantó cabeza (14-26). No podía con la defensa colegial ni podía defender a los colegiales, perfectos en la vigilancia sobre el estadounidense Louis Bullock, perfectos en casi todo.

La tercera personal de Felipe Reyes (m.15) constituyó otro duro revés para el equipo de Maljkovic. El Madrid se descomponía poco a poco y, además, era consciente de su propia agonía. Jasen puso la diferencia en veinte puntos al borde del descanso (27-47) y Carlos Suárez -novedad en el cinco titular colegial- la colocó en veintitrés con un triple sobre la bocina (31-54). La valoración del Estudiantes en ese momento era de 73 puntos. La del Madrid 9.

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La ventaja de Hernández y sus hombres alcanzó un pico de veintiocho puntos al arrancar el tercer tramo (31-59). Tantas emociones juntas abrieron una especie de armisticio y, por fin, el Madrid firmó las tablas en un periodo (16-16).

Nobleza obliga, así que los blancos aún salieron al último corte con ansia de pelea y echaron el resto en una presión que sólo buscaba el milagro. Rebajaron los márgenes, pero sin amenazar nunca a un rival que pone pista en los dos próximos choques y ahora tiene la eliminatoria donde quería: empatada a uno. Al Barcelona le pasó lo mismo y ya hace días que disfruta de las vacaciones.

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