Después de 13 años Boston vuelve a ganar su división
Ainge y Rivers llevan a los Celtics al título de la Atlantic.


Verán, esta pequeña gran victoria de los Boston Celtics, este título de la Atlantic Division, el primero desde 1991-92, nos suena tan dulce porque nos hace ilusionarnos: ilusionarnos con la hermosa gran historia de los 16 anillos de la NBA que se detuvieron en el Boston Garden, el cubil del Celtic Pride: el Orgullo Celtic.
Casi todos los protagonistas de la leyenda aún pueden contarla: el primero, el Sumo Hacedor, Red Auerbach, camino de los 88 años, y dando cuenta aún de cuatro o cinco habanos diarios. Viven Havlicek, Cousy, Nelson... pero no el Boston Garden, barrido por un horroroso centro comercial. Los Celtics de hoy juegan en el impersonal Fleet Center.
A los Celtics de hoy los dirige en los despachos Danny Ainge, el alerito peleón del equipazo que colocó en Boston el último anillo: en 1986. Ese mismo año, por sobredosis de cocaína, murió Lenny Bias, el sensacional alero de Maryland a quien los Celtics (Auerbach...) recién habían elegido en el draft de la NBA: con el número dos.
Con Bird, Parish y McHale derechos hacia el ocaso de los dioses (1987, última final), la muerte de Bias fue más horrible. En 1993, una cardiomiopatía por falta de selenio tumbó para siempre a Reggie Lewis, que acababa de suceder a Bird en la capitanía. Vinieron demandas, miseria y el ego de Rick Pitino. Títulos, no.
Rivers.
Los 19 años de sequía no han desecado el verde orgullo celtic. El gran Bob Ryan sigue impartiendo magisterio en sus columnas del Boston Globe, que se vende casi tan bien como en los días dorados.
Glenn Doc Rivers, buen ex jugador y competente entrenador, tira del equipo, donde Paul Pierce y Antoine Walker (18-7 desde su regreso) conforman un uno-dos anotador casi imparable. Y en un despacho de Washington aún humea el habano de Red Auerbach...
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