El Madrid no evita el último puesto
El conjunto blanco ganó un clásico atípico, pero no pudo eludir el último puesto de su grupo. Los dos entrenadores aprovecharon el partido para dar descanso a algunos de sus mejores jugadores.
El Real Madrid y el Barcelona despidieron la Euroliga en un "clásico" atípico que evolucionó de menos a más según avanzada y que los blancos dominaron siempre, pero que los azulgrana animaron al final, cuando intentaron buscar el triunfo.
El estadounidense Louis Bullock, el francés Mickael Gelabale y el irlandés Pat Burke asistieron al encuentro como espectadores. Juan Carlos Navarro pisó la pista a los dieciséis minutos. A continuación el serbio Dejan Bodiroga y el esloveno Vlado Ilievski jugó en pequeñas dosis. O sea, que los jugadores con mayor peso específico de las dos plantillas vivieron una experiencia fuera de lo normal.
Navarro abandonó el banco cuando el Madrid empezaba a reflejar las primeras distancias reseñables de la tarde. Aunque no había nada importante en juego, ni el Barca ni los blancos podían permitirse ciertas cosas. Como el conjunto madridista siguió insistiendo en darse una satisfacción, aunque fuera de cara a la galería, Bodiroga también entró en acción antes de que acabase el segundo cuarto.
Bozidar Maljkovic, sin embargo, prescindió por completo de Bullock, Gelabale y Burke, tres hombres con minutos y fatiga acumulados en la andadura del Real Madrid por las distintas competiciones. Ganar importaba, pero menos que otras veces, sobre todo a tan pocas jornadas de las series por el título ACB.
Pese a todo, ningún derbi es intrascendente del todo. En este los dos equipos se despedían de la Euroliga con motivos más que sobrados para sentirse decepcionados y llegó un momento en el que todos se olvidaron de todo y, con unos o con otros, pelearon con la intensidad habitual.
El Madrid buscó mucho a los hombres interiores ante la ausencia obligada del estadounidense Elmer Bennett y la voluntaria de los hombres que Maljkovic reservó. Con los altos y el ritmo de ataques rápidos al que también entró el Barcelona, casi en plan entrenamiento, el Madrid, más obligado por jugar en casa, se hizo con el control del juego.
A un minuto del descanso tenía los doce puntos de diferencia que le habrían hecho falta para desbancar a los azulgrana en la clasificación si hubiera habido algo por lo que luchar (38-26). En otro escenario, habría sido muy distinto. En esta ocasión, todo era posible. Además, el Madrid tenía una pequeña deuda de honor por la derrota encajada en el Palau Blaugrana.
Hubo otro factor que influyó en la mayor intensidad blanca: Maljkovic incluyó en las rotaciones a Alberto Aspe y al joven David Muñoz, dos jóvenes a los que un clásico, aún descafeinado, les daba una ocasión de oro para reivindicarse. A fin de cuentas, entre azulgranas y blancos siempre se levanta el muro de la rivalidad.
Interesante segunda parte
El Madrid regresó del intermedio con la escopeta cargada y alargó la brecha hasta quince puntos (49-34). Eso no lo podía tolerar el equipo de Manolo Flores por mucho que el resultado diese lo mismo. Los del Palau reunieron a Bodiroga, a Navarro y a Fucka para contener las ganas locales y el tercer cuarto cobró otro aspecto dentro y fuera del campo.
Noticias relacionadas
El Barcelona redujo la ventaja rival a cuatro puntos (60-56), la grada subió los decibelios y los dos banquillos empezaron a puntualizar a los árbitros. Retazos típicos de los auténticos derbis. La prueba de la metamorfosis que experimentó el choque era el quinteto barcelonista del último tramo. Ilievski, Navarro, Bodigora, Fucka y Marc Gasol, un cinco de gala, para intentar remontar (71-61 m.38).
Lo que en principio iba a ser un derbi intrascendente alcanzó el último cuarto en plena efervescencia y un triple de Navarro amenazó al cuadro madrileño (72-70), que esta vez si supo manejar los minutos clave.



