Once mil lituanos se interponen entre el Pamesa y la final
Viaja con dos puntos de ventaja.

Llegó la hora de la verdad para el Pamesa. El equipo valenciano se juega en la pista del Lietuvos Rytas el pase a la final de la Copa ULEB. Una victoria le situaría a sólo 40 minutos del tercer título de su historia y de la clasificación directa para la próxima Euroliga, es decir, a un partido de poder salvar la temporada pase lo que pase después en la ACB. Una derrota por más de dos puntos (los que obtuvo de renta en el choque de ida tras ganar por 77-75), además de eliminarle, ahondaría en la crisis en la que se mueve desde hace semanas y pondría en peligro su estabilidad. Ni que decir tiene que multiplicaría la presión por alcanzar una plaza para la próxima Euroliga a través de la Liga ACB, en la que lleva una trayectoria más que irregular. Las dudas del Pamesa se han multiplicado tras su último fracaso en la competición doméstica. La derrota ante el Lleida ha roto el embrujo que habían creado el nombramiento de Chechu Mulero y el regreso de Rigaudeau.
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Nesby amenaza.
Pero la labor del francés será vital en Lituania. Al Pamesa le espera un ambiente hostil, con 11.000 aficionados del Lietuvos que llenarán el Siemens Arena. Es pues el momento de los grandes nombres del Pamesa. Le Roi, Rakocevic, Oberto y Tomasevic deben tirar del carro. Montecchia, Yebra, Kammerichs y el resto tienen que estar listos para echarles una mano. Enfrente tendrán un equipo que juega bajo la batuta de Stelmahers. Sus principales armas son la capacidad de los interiores para tirar de fuera y las rachas de Tyron Nesby, que ya le amargó el partido de ida a los valencianos y que presume de que Michael Jordan en persona pidió su fichaje para los Wizards por su capacidad de liderazgo. En la otra semifinal, el Hemofarm serbio defiende una renta de 23 puntos en la pista del Makedonikos.



