ACB | Real Madrid 83 - Lleida 65

Gelabale y Pat Burke apuntillaron al Lleida

CSKA, Unicaja y Barcelona, calvario inmediato

<b>DOMINADOR. </b>Gelabale (que tapona un tiro de Gabi Fernández) tuvo una actuación muy completa.
Martín Tello
Actualizado a

Ayer empezaron y terminaron las vacaciones de Semana Santa para el Real Madrid. El Lleida fue un breve instante de ocio ante el calvario de pasión y sufrimiento que le aguarda: CSKA el miércoles (en Moscú), Unicaja el domingo (en Málaga) y Barcelona el jueves 31, en Vistalegre. Nueve días de juicio final, tres partidos determinantes que pondrán a los buenos a la derecha de la victoria y los malos a la izquierda.

El Madrid cumplió su obligación y ganó al Lleida. Esa podría ser toda la crónica del partido de ayer. A los siete minutos Pat Burke (10 puntos) y Michael Gelabale (6) habían roto el partido, el Madrid dominaba por 22-7 y el Lleida se había retratado: aceptable en los triples (6 de 19 al final, 42%), lamentable en la pintura (11/37, 29%).

Fue precisamente el buen trabajo de Pat Burke (¿celebración tardía del St. Patrick's day?) y de TresenUno Gelabale lo que haría injusto calificar de intranscesdente el resto del choque, y lo que da esperanzas a la parroquia madridista de que su equipo, el Madrid de Maljkovic, sea algo más que tres bajitos maravillosos (Bennett, Bullock, Sonko) y un escuadrón de gigantes torpes.

Era una mañana propicia para que los aleros y los pívots madridistas tomasen protagonismo. En primer lugar porque los pequeños están mermados por gripe o lesiones. En segundo porque el Lleida tiene un juego interior casi inexistente.

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Fácil.

Bramlett tiene la virtud de ser el hombre invisible, Berni Tamames ocupa mucho y llena poco, y Gabi Fernández es un dos metros alérgico a la pintura, como el portugués Sergio Ramos. O sea que de centímetros bien, gracias, pero sin dividendos. Fotsis aprovechó para salir de la hibernación. El griego hierático remató la faena en el arranque del tercer cuarto (dos triples, dos tiros libres), dejando la diferencia en cota 22 (57-35). A partir de ahí el Madrid sólo tuvo que luchar contra su propio relajamiento. Y fue Gelabale, claro, quien se ocupó de ello.

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