Bullock y Reyes sacan del infierno al Madrid
Emocionante derby madrileño en la Copa del Rey, con victoria para el equipo blanco, que después de tres ediciones en las que cayó en cuartos de final logra meterse en semifinales. Su próximo rival será el Tau, campeón vigente.

Cuatro minutos después del descanso el Madrid flotaba groggy sobre la cancha (40-52). La defensa alternativa del Estudiantes en el segundo cuarto había desquiciado a Bennett y había frenado en seco al quinteto de Maljkovic (11-24 de parcial en ese periodo). Y el desconcierto se prolongó un poco tras el intermedio. Las peores pesadillas reaparecieron en la mente de los seguidores madridistas. Otra esperanza rota, otro mazazo psicológico, otro año en el infierno.
Fue Louis Bullock quien evitó la hecatombe merengue. Sólo quedaba la opción del uno contra cinco, de Sweet Bullock contra todo Estudiantes. Y no se arrugó. Pidió el balón en cada ataque y peleó contra cinco. Un triple, una bandeja, dos tiros libres, otro triple... Así, diez puntos en ocho minutos.
Reacción. Era el comienzo de la remontada, un 21-10 que permitía al Madrid cerrar el tercer cuarto con la salvación a la vista: 61-62. Sus compañeros no tenían ya otro camino que reaccionar, sacudirse el miedo, el agarrotamiento, colaborar con aquella tarea grandiosa del pequeño puma americano. Poco a poco, se añadieron a la lucha. Un empujoncito Herreros, otro Burke, un par de ellos Fotsis, otro de Gelabale... Y, por fin, Felipe Reyes, el más esperado, el teórico galáctico de Florentino en baloncesto.
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Cuando Felipe Reyes se añadió al resurgir blanco Estudiantes aún mantenía ilusiones. Sergio Rodríguez había sacado también del eclipse anotador a su equipo, había frenado por un instante el declive colegial (71-70, min. 34). Quedaban seis minutos, era partido nuevo, y aquello se convirtió en monólogo felipista. Nueve puntos y muchos rebotes en tres minutos. El Madrid, que había estado 12 abajo, subió 12 arriba. Estudiantes, sin energías ni ideas, tuvo que resignarse. Nicola Loncar y Patterson no ayudaron en aquellos momentos decisivos, Garcés estaba fatigado, en los demás cundió el desánimo. Lo habían tenido cerca, pero no supieron mantener la disciplina defensiva, rota por el festival Bullock. El Madrid, hasta el despertar de Reyes, no produjo en la pintura, pero tampoco lo hizo Estudiantes. En cambio, el Madrid fue a más en el perímetro, y a menos su adversario. Resultado: cambio absoluto de decoración. Continuidad en la Copa para el Madrid. Amargo retorno a casa para Estudiantes.
Alivio. Un año atrás, la derrota en la final de Copa ULEB ante el Hapoel Jerusalén quebró la rehabilitación madridista. Esta vez estuvo a punto de ocurrir lo mismo. Pero Maljkovic es un buen psicólogo y ha enseñado a su equipo a dominar la ansiedad.




