NBA | Partido del año

Wade liquidó a los Lakers en la prórroga

Los 42 puntos de Bryant no fueron suficientes

<b>FRENTE A FRENTE</b>. O’Neal y Bryant se volvieron a ver las caras en el Staples Center.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Ganó Miami en la prórroga por 102-104. Pero no ganó exactamente Shaquille O’Neal, que vio esa prórroga en el banquillo, eliminado tras 24 puntos y 11 rebotes: eliminado materialmente por Kobe Bryant, que le forzó la sexta falta. Perdieron los Lakers, pero Bryant, con 42 puntos, casi dobló la producción de su archienemigo. En realidad, el megapartido lo sentenció el hombre que Shaquille había vaticinado: "Dwyane Wade, llamado Flash": un relámpago que iluminó a los Miami Heats con 29 puntos y diez asistencias. Bryant falló el último triple que hubiera valido el triunfo Laker.

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Un partido así en baloncesto no es tanta cosa de divos o vedettes. Vedettes como Nicole Kidman. Las mechas teñidas de Kidman lucían gastadas, como necesitadas de un buen repaso en cualquier peluquería de Beverly Hills. O así se veían ayer, con la blanquísima australiana rodeada de chiquillos ricos y gorilas obesos con perfume a gangstar rap. Pero, con o sin Tom Cruise, Nicole es Nicole: véase el desnudo que le sacó Kubrick en Eyes with Shut. Y Cruise es Cruise. Lo que pasa es que Kidman más Cruise dan como resultado una cosa inquietante, apasionante, interminable: como los Lakers de Kubrick, Bryant o Shaquille O’Neal.

Aún sin Shaquille para guardarle las espaldas y pedirle cuentas,Kobe es un demonio y un ágil matador: lo más parecido que la NBA ha visto al Jordan joven. Ayer llevaba quince puntos en menos de cuatro minutos. Al principio, Kobe dijo a Shaq: "Let’s go, big man". "Vamos, tío grande". Ventaja psicológica. Sin Kobe, Shaq, que se llevó una ovación de 37 segundos, es todavía el coloso más dominante en este juego. La dualidad de ambos conmovió a la NBA entre 1996 y 2004. En su individualidad en sus puestos, Kobe y Shaquille son los mejores. Pero no es lo mismo: como Kidman sin Cruise. Pueden vivir, pero se necesitan para ganar, para ganar de verdad: como esos tres anillos consecutivos entre 2000 y 2002. Sin ellos, hombro con hombro, el que gana al final es el humilde relámpago Wade. Y el brillo de la NBA se esponja entre broncas y rap, como se apagan las mechas de Nicole Kidman sin Cruise a su lado.

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