El Real Madrid entierra la maldición azulgrana
El choque cumbre de la ACB tuvo poca calidad, pero no le faltó intensidad, ni un desenlace emocionante. El irlandés Pat Burke acertó en el último lanzamiento y dio la victoria al Real Madrid, que no se imponía al Barcelona desde octubre de 2001. Troy Bell debutó en el conjunto merengue.

Otro capítulo en la historia del nuevo Real Madrid que escribe un señor llamado Maljkovic. Victoria en el Palau. Sufrida, angustiosa... ¡Qué importa! Es victoria. Fin a un ciclo amargo, a una pesadilla de sometimiento al Barça que duraba tres años y un mes. En un mal partido, con mal juego... ¡Qué importa! Es victoria.
Sin Roberto Dueñas enfrente, con referencias engañosas para el futuro próximo, sin títulos en juego, sin apenas trascendencia para la clasifi cación... ¡Qué importa! Es victoria. Nadie se acordará, dentro de poco, que este partido tuvo que ganarlo Felipe Reyes, el supuesto galáctico, y lo ganó en realidad Pat Burke, el obrero irlandés. Nadie recordará que La Bomba Navarro se autodesactivó con tres faltas madrugadoras, que Bodiroga estuvo inusualmente improductivo, que el Barcelona, en definitiva, no ejerció de ogro ni de campeón. Era una victoria que el Madrid quería, necesitaba, ambicionaba. Y ya la tiene. Puede ser, por su valor psicológico, un momento bisagra.
En el fondo se trataba de comprobar quién compensaba mejor al ausente clave (Dueñas, en el Barça; Bennet, en el Real). A la hora de la verdad fallaron ambos. El Barcelona perdió la batalla de los rebotes (el Madrid capturó tantos rechaces de ataque, 18, como defensivos su rival).
Y el Real acabó con 14 balones perdidos y sólo 7 recuperados, pese a que en el descanso su balance era positivo en ese aspecto: 3 perd/5 recup. Por encima de las cifras fue evidente que al equipo azulgrana le faltó solidez en la pintura (pese a que Reyes se estrelló en Mole Gasol) y que el Madrid no jugó un pimiento en ataque, no tuvo fl uidez ni continuidad, salvo una racha de tres minutos en el segundo cuarto que le permitió salir del pozo (26-16, min 13) y recuperar esperanzas con un parcial de 0-11 (26-27, min. 16). De ahí al fi nal nadie se escapó por encima de 7 puntos, las defensas pudieron con los ataques y el Real Madrid se fue constriñendo progresivamente a un solo hombre: Sweet Bullock.
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En el desmadre madridista tuvo bastante que ver la incesante rotación de jugadores efectuada por Maljkovic. También, claro, el debut del recién incorporado Troy Bell, que bastante hizo con tirar al aro adecuado.
Convertido el choque en pugna de individualidades, el Real tuvo la suerte de que su fusilero jefe, Bullock, estuvo inmenso, sin contagiarse del despiste general. En el Barça, en cambio, la cohesión se acabó cuando Ilievski fue al banquillo, o dejó la batuta en manos del jefe Bodiroga. Esta vez falló el Bodisistema.




