Atenas 2004 | España 94 - EE UU 102

Ni el Rey lo arregló: a la cuneta en cuartos

"Gracias por los buenos ratos", consoló después

<b>IRA. </b>Pesquera recrimina su comportamiento a Brown, con Popovich por medio.
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Su Majestad el Rey llegó con 31-38, dio un beso a doña Letizia, saludó a su hijo y se sentó. Los españoles de la grada se trasladaron al espíritu-talismán del 92, cuando lo de la real familia fue mano santa: llegaban, agitaban la mano y caía la medalla. Era parecido a lo de Juan Tamariz: nada por aquí, nada por allá, ¡de la chistera sale el conejo! Bueno, les salió bien menos en el baloncesto: aquel día de Angola y Antonio Díaz Miguel (q.e.p.d.) no lo salvaban ni los Reyes Magos.

Verdugos. Total, que palmamos y aumentamos el bestiario negro nacional con ese tal Sthepon (ni siquiera Stephan) Marbury. A su derecha está Al Gandhour, el árbitro egipcio del Mundial de Fútbol de Corea, y a su izquierda Henning Fritz, el portero alemán de balonmano que nos paró tres penalties y nos apartó de las medallas. Hasta ayer, Marbury no la metía en la panza de un canguro; ayer batió el récord de anotación de un jugador yanqui en los Juegos Olímpicos, con 31 puntos. No lo hubiera parado ni Puyol.

El Rey entró en el vestuario español al final del partido acompañado de todos los suyos. Lo que vio le conmovió y acabó diciendo lo que usted, yo, ese y aquél hubiéramos dicho en ese momento: Muchachos, gracias por los buenos ratos. Era el momento de la gran depresión, muy natural con Estados Unidos de por medio, y de la certeza de que esta vez tampoco habría revancha de lo del Maine. Y de que si a estos de la NBA no les ganamos esta vez, me temo que no les ganaremos ya nunca. Bueno, quizá en Madrid-2012, 2016, 2020 ¡o 2840!

La grada escribió su crónica aplaudiendo la retirada del equipo español y gritando ¡Gasol, Gasol! cuando nuestro 4 se fue al vestuario, el torso desnudo, jurando en arameo y en su inglés de Memphis. Pau había aguantado en la pista los 40 minutos, había demostrado que es, al menos, tan bueno como el consagrado Tim Duncan, pero no habrá laureal para premiar su esfuerzo. Era un hombre desconsolado.

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Enfado. Por entonces, Pesquera se había tirado al cuello de Brown (en sentido figurado, claro) porque el yanqui pidió y usó un tiempo muerto a falta de 23 segundos, con 90-101 en el marcador. Sobró ese alarde de fanfarronería y nos faltó, entre otras cosas, el mejor Navarro.

Palmamos porque ellos iban a jugar bien un día y nos pilló a nosotros en medio. Eso sí: servidor de ustedes, que de entrenadores sabe un huevo, sigue a la busca de uno que ordene la táctica más fácil. Esto es: darle la pelota al bueno una vez y otra y otra más, y al banquillo el que no se la de. Eso o nacionalizar a Jasikevicius, que en lituano significa El que Mete los Triples.

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