Atenas 2004 | España 87 - Argentina 76

Gasol bota, pasa y mata

El baloncesto huele a medalla y de momento es un bálsamo

Pau Gasol lidera a un equipo que está sorprendiendo a propios y extraños.
ADREES LATIF
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Si va a empezar el último cuarto y estamos 58-60. Mario Pesquera habla a los muchachos. Roberto Dueñas se coloca detrás de Gasol, el Paurtenon español. Le masajea los hombros y la espalda. De pronto, le pellizca el trasero. Un pellizco de Dueñas debe ser como una contra de Castillejo, El Lince de Parla. Pero Pau aguanta. Como aguanta las embestidas de cinco o seis toros de la Pampa vestidos de azul. Es la hora de la verdad. La de los ganadores. El otro gran hombre NBA en esta cita ateniense, Manu Ginobili, no tiene el día. Gasol lo tiene siempre. Bueno, casi. Pita el árbitro, no va más.

Paurtenon avanza acompañado de cuatro de los suyos. Mirada fija, músculos en tensión, la cabeza siempre alta. Calderón, Garbajosa y De la Fuente están que se salen. Felipe se faja y Navarro resopla. La Bomba ha defendido a Ginobili hasta hacerse pis. Un cuarto de hora después, España ha ganado. Son ya nueve partidos consecutivos zurrándole la badana a gente como Serbia, la misma Argentina o el Puerto Rico que se merendó a los yankis.

Si don Alfredo Di Stéfano hubiera jugado al baloncesto habría sido tipo Pau Gasol. Y si Gasol fuera futbolista recordaría a Di Stéfano. Gente que lo hace todo. Gasol pita el partido cuanto le dejan, sube la pelota como si fuera Corbalán y rompe el aro ¡en la misma jugada! como lo firmaría Abdul Jabbar o Jabbar Abdul, ¡qué más da! Di Stéfano hacía esa jugada por el suelo. Se la pedía a Domínguez, combinaba con Santamaría, tocaba con Santisteban, lanzaba a Gento y remachaba el tiro de Puskas, que el portero sólo había rechazado. Todo un genio.

Pau lo hizo a falta de 120 y acabó con Argentina. Le presionaron al fondo, pero se salió como una anguila. ¡Un tío de 2,16 corriendo como un conejo! Uno, dos toques en carrera al compañero que se ofrece y ¡boom! A Fabricio Oberto, buena gente, se le escapó una palmada. Si un argentino aplaude al rival cuando éste le está matando, es que el rival es la monda. Por cierto: Oberto se enteró por AS que el Pamesa se ha cargado a Paco Olmos, su entrenador: si le pinchamos no le sacamos sangre.

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Basket balsámico. Total, que el baloncesto nos está sacando el alma de penas y, por lo visto, estos Juegos Olímpicos son de tiradores en clave española: María Quintanal (hoy puede sumar oro a la plata del lunes), los triples de Jorge Garbajosa, todo eso. El baloncesto huele a medalla; de momento es un bálsamo. Porque lo del podio está chungo tirando a desesperante. A mediodía corrió la voz de que el tirador Isidro Lorenzo (policía nacional que entrena a tirar a los futuros polis) estaba en la final y a la prensa española aquí acreditada le entró como una histeria y allá que nos fuimos todos, como si Isidro fuera el Santo resucitado.

Al final ganó un ruso, Mijail Nestruev, cuyo uniforme deportivo incluye pantalones vaqueros. Cosa de aquella perestroika, sin duda. Pero sí, han pasado los cuatro primeros días de competición y estamos con una medalla en tiro. Que no somos Chiquitistán lo confirma que el país de Lucas Grijander jamás tuvo uno como Gasol, el Paurtenon español, Di Stéfano en las alturas.

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