"Si ganase lo que Gasol habría jugado sólo un año"
Esta catalana de Reus se ha convertido, a los 33 años, en la internacional máxima del baloncesto español. El 25 de julio, en un amistoso contra Bélgica, sumó 240 partidos internacionales, superando el récord que tenía hasta entonces Juan Antonio San Epifanio.

Tantos años jugando, debe estar usted forrada.
¡Ojalá! He jugado tanto precisamente por lo contrario: para acumular algo. Si yo ganase lo que Gasol, pongamos por caso, me habría jubilado tras el primer año (ríe).
Bodiroga, dos millones de euros, netos, por temporada. Cuando usted oye estas cosas...
Me pierdo. Se me escapan las cifras de la cabeza. Con eso mejoraría yo el sueldo a toda la Liga Femenina. Y hasta pagaría los viajes.
Ya veo que tiene mentalidad corporativa, como buena presidenta de la Asociación de Jugadoras.
Se hizo una votación entre todas las jugadoras y me pringaron a mí. Ya me ve: sindicalista jefe. En realidad lo llevamos entre varias, sobre todo algunas con la carrera de Derecho.
Cuando se encuentre con el secretario de Estado, Lissavetzky, ¿qué reivindicará?
Que nos hagan un poquito más de caso a las deportistas femeninas. Por no tener, ni tenemos seguridad social.
A usted, por cierto, le queda poco. Con 33 tacos ha llegado la hora del adiós, ¿no?
Varias veces he dicho que me retiraba, pero siempre me convencieron para seguir. Esta vez será la definitiva: un año más y me voy.
Confiese: quiere despedirse con la camiseta del Barça.
En efecto: soy culé hasta las cachas. Desde siempre. Cuando jugaba en el Universitari me ilusionaban los rumores de que íbamos a integrarnos en el Barcelona, y mire por donde ocurrió justo cuando cambié de equipo. Ahora quiero darme ese capricho.
¿Tan mal le han tratado en Madrid, en el Estudiantes?
¡Que va! Ha sido un año magnífico, pero me tira el Barça. Además, en Vilanova tengo mi residencia y mi clínica de fisioterapia.
Su futuro, arreglar cuerpos.
Eso espero. Saqué el título y ya he trabajado como fisio en varias selecciones, cuando no coincidían con actividad de la sénior.
Cambiemos de tercio. Su faceta de políglota, de los cinco idiomas que domina...
Mi madre es suiza, así que el francés y el alemán los aprendí por ese lado. Mi padre es catalán, con lo que añadí catalán y castellano. El inglés lo aprendí los dos veranos que jugué en la NBA femenina, en el New York Liberty.
Ningún anillo de campeona. Amaya Valdemoro, en cambio, ganó tres con Houston. ¿Pitorreo al canto?
No se atreve, porque yo jugaba más minutos. O, mejor dicho, estaba algunos minutos menos en el banquillo.
Ha superado usted a Epi como máxima internacional.
Increíble. Epi era mi ídolo. Yo era la típica fan culé que pedía firmas a los jugadores. Tenía mi carpeta llena de fotos de Epi. Luego, cuando coincidí con él en los Juegos Olímpicos de Barcelona, flipé del todo.
Buen recuerdo, Barcelona 92.
Tengo dos momentos mágicos en mi carrera deportiva. Uno, el desfile inaugural en los Juegos de Barcelona. Otro, la medalla de oro en el Eurobasket femenino de Perugia, en el 93. Usted estaba allí, por cierto.
Estaba. Una medalla de oro que los hombres de la sénior aún no han igualado.
Para que vea: vamos por delante. Sólo Marina Ferragut y yo nos mantenemos en el equipo nacional. Fue una gesta inolvidable.
En Atenas, ¿otra medalla?
Estados Unidos, Rusia y Australia son superiores sobre el papel, pero nuestro equipo está más unido que ningún otro. Vamos a por todo.
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Una pregunta veraniega: ¿dónde y con quién pasaría sus vacaciones ideales?
¡Prensa rosa! Bueno, contestaré porque es algo que cumpliré cuando acaben los Juegos: me iré a Suiza, donde residen mis padres desde que se jubilaron, y donde tengo muchísimos familiares, tíos, primos, sobrinos... Como soy de Reus, del Mediterráneo, me agobia el mar en verano, busco la montaña. ¿El acompañante? Pues eso mismo: mi compañero.




