La ventaja del campo
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Pues resulta que para esto se juega la fase regular de la Liga, ésa que parece tan inútil: para dar la ventaja del campo al que se la gane. Aunque hay ventajas y ventajas, y hay campos y campos. Del Palau Blaugrana se puede decir ya lo mismo que un filósofo de Lepe le dijo a Jordi Pujol, cuando el Honorable visitó ese pueblo fresero de Huelva: "Con lo chico que es usted, y hay que ver lo que pesa". Palabra que es verídico. Esto es lo que hay: ésta es la ventaja del campo. Y además, resulta que este Barça de esta cosa tiene algunos centímetros más que Don Jordi.
Nadie medianamente serio puede afirmar que el arbitraje decidiera totalmente el título. Pero, sin llegar a lo de Neyro en 1989, la ventaja del campo en un quinto partido (de lo que pasó en el primero, mejor no hablar) se traduce en demasiados pequeños detalles: flagrantes hachazos de Fucka son faltas normales. No se saca de banda, hay fallos de tiros libres... y el Barça anota tras faltitas en ataque no cobradas. Como se veía venir, Pesic elevó el volumen y la dimensión de la leña. Y, en el cuerpo a cuerpo, perdió el más pequeño: la valiente codorniz de la ilusión estudiantil. Vayan a boxear con Tyson a barra libre. Y recen lo que sepan, claro. Dejando repartir, es más fácil cegar a Loncar. Después llegan la mano del dios Bodiroga y el mar de presión que anegó a los tiradores de Estudiantes. Todo junto sale... ventaja de campo.




