Los Lakers se hacen viejos ante los Pistons
Detroit arrolla y domina la final (2-1)


Un milagro menos de Kobe Bryant en el segundo partido de Los Angeles, o una falta más de los Pistons antes de ese milagro, y los Lakers estarían ahora en el umbral de ser barridos por los Pistons: una humillación histórica. Y, probablemente, además de la humillación, la desintegración.
En realidad, los Lakers y su actual modelo ya se han hecho viejos, estrujados por el puño de acero de los Pistons y por sus propias cicatrices. Lo que hay no es Payton, sino su muñeco de cera o maniquí. Malone arrastra la rodilla. Crujen los ligamentos de Fisher y George. Y...
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Sangran como cualquiera. Son humanos, describe el diablejo rapero Rasheed Wallace. En el descanso (39-32, Detroit) dije a mi equipo que aún estábamos a tiro, porque ya no podíamos jugar peor. Pero sí pudimos, reveló Phil Jackson.
En ningún cuarto pudieron hacer 20 puntos los Lakers. Shaq y Kobe, sobremarcados y forzados, se lanzaron darditos venenosos. Detroit danzó sobre el exquisito cadáver de Los Angeles. Sólo un milagro más nos puede decir si son muertos vivientes.



