Mañana campeón y quizá milagro
Estudiantes trituró al Barça y amenaza con establecer el 2-3 en el Palau

Lean: Pienso en nuestro avión particular para trasladarnos los viernes a jugar los partidos de la Liga Atlántica, un domingo contra el Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, otro contra la Universidad de Yale. Lo escribió un soñador llamado Antonio Magariños hace exactamente medio siglo. Un soñador que fundó un equipo llamado Estudiantes, para el que, evidentemente, no sólo imaginaba un futuro de patio de colegio.
Por la senda de la acracia Estudiantes busca un milagro. Y lo merece. Y lo tiene a un paso: el 2-3, la primera remontada de un 0-2 adverso en la lucha por la corona nacional. Mañana, en el Palau, se decidirá el campeón. Si gana el Barça habrá título. Si se impone Estudiantes habrá título... y milagro.
Si hubiera sido un combate de boxeo, esta final habría terminado ayer, en el cuarto asalto: KO técnico inapelable, Estudiantes campeón, brazos en alto con el Barcelona aún groggy, dormido en la lona. Aunque, en el fondo, si en el primer partido de la serie no le hubiesen regalado un triunfo mínimo al Barça, la temporada también habría concluido ayer, en el volcán humano de Vistalegre: 1-3, primer título del Estudiantes en su historia.
Habrá, en cualquier caso, un quinto partido. Y el equipo madrileño pasa a ser favorito, aunque se juegue en el Palau. Estudiantes, que comenzó la final en altísimo nivel, no sólo lo ha mantenido sino que lo ha elevado. El Barça, en cambio, rueda con estrépito por las escaleras. Se desarma, se rompe.
Aplastamiento.
Sólo un equipo en la pista. Estudiantes quería ganar y sabía cómo hacerlo: hizo presa en el cuello desde el primer minuto y no soltó hasta que su rival fue una marioneta inerme. Corazón (intensidad) y cabeza (concentración). Pepu Hernández y sus jugadores impusieron, ampliada, la ley del choque anterior. Una gran estrategia, un gran bloque, unos baluartes idóneos. Loncar e Iturbe lideraron una vez más la exhibición, que llegó a +21 puntos.
El Barça no supo ni pudo entrar en el partido. Y el primer error garrafal hay que atribuírselo a Pesic. Olvidó una de las constantes de la serie (explosivos comienzos de Ilievski) para confiar la dirección a Grimau, que aún acusa los largos meses de inactividad por lesión. Además, el técnico azulgrana puso de salida a Drejer en lugar de Navarro. A los seis minutos, 7 balones perdidos el Barça, 12-4 en el marcador y adiós a los nervios colegiales, paso a la seguridad, a la confianza.
Rectificó Pesic (Navarro, Ilieviski), pero su equipo era un puzzle desordenado. Y nadie lo supo recomponer. Bodiroga intentó hacerlo todo, incluso la dirección, pero sólo consiguió ratificar su mal momento. Incluso los genios acusan la fatiga.
Mientras el Barça se buscaba inútilmente a sí mismo, Estudiantes, de triple en triple, celebraba una fiesta inolvidable en el Vistalegre, con debut de Jan Martín y Adrián García. Ambiente inenarrable. Récord histórico de espectadores en la Liga ACB (15.350). La ola más populosa que jamás se haya visto en una cancha de baloncesto en nuestro país. Y, quizá, la final más bella.
Noticias relacionadas
Nuevo récord de público
La impresionante petición de entradas obligó a colocar 150 asientos más en la tribuna de pista (todo lo que permitía el espacio disponible), con lo cual la asistencia ayer en Vistalegre fue de 15.350 aficionados, nuevo tope en un partido de Liga ACB. El sonómetro llegó esta vez a 112,1 decibelios, en un triple de Iker Iturbe durante el cuarto periodo. La euforia estudiantil estuvo plenamente justificada y merecida. Y Loncar recibió las ovaciones máximas de la noche.




