ACB | Estudiantes 82 - Barcelona 72

El Barça no pudo con Vistalegre

Con atronador apoyo de su público, venció Estudiantes y reanima la final (2-1)

<b>IMPARABLE. </b>Nicola Loncar desborda la oposición de  Patrick Femerling en un ataque estudiantil.
Martín Tello
Actualizado a

Gracias, Estudiantes. Tras la semifinal más bella (ante el Tau), nos estás regalando una final apasionante. Es un misterio de dónde sacas las fuerzas, pero ahí estas, peleando cada noche hasta la extenuación, derramando no ya sangre, sino coraje por las heridas. Los toreros han cortado oreja ante el primer miura. Mañana, el segundo. Y permítanme decir que esto huele a salida por la puerta grande. El partido de ayer nos dejó la sensación de que el Barça acabó tocado. Navarro resiste, pero Bodiroga declina. Sólo así se explica que un equipo sin americanos (porque Brewer y Patterson no existieron ayer) se impusiera de forma inapelable al campeón de Europa del año anterior.

Gracias también, desde luego, a un público que sigue estableciendo cotas cada vez más elevadas en baloncesto. Récord de asistencia, de decibelios, récord de apoyo a un equipo que, impulsado desde la grada, tuteó a su poderoso rival en el primer cuarto (25-25), se lanzó a tumba abierta en el segundo (24-14), se tomó un pequeño respiro en el siguiente (17-19) y echó el resto en el cuarto, con un escueto 16-14 que encierra mucho mérito en tas cortas cifras.

Porque Estudiantes, que había estado 15 puntos arriba poco después del intermedio (54-39) (¡qué grandes Iturbe y Loncar!), recibió después una cornada de 2-12 que llevó el temor a las gradas (56-51, magníficos minutos de Grimau y Bodiroga). Respondió Loncar, pero el peligro aumentó con la irrupción de Rodrigo y Drejer en el comienzo del último cuarto. El Barça se puso a dos (66-64, min. 32). Lo que falta, pensaron muchos, es el Bodiroga time, la conocida y lenta marcha barcelonista hacia el triunfo, ante un rival que se desangra, se desespera.

Bodiroga, frenado.

Iker Iturbe, sin embargo, no estaba por la labor. Frenó al genio serbio y quedó Navarro como único baluarte visitante. Pesic, incomprensíblemente, relegó muchos minutos a su base Ilievski, que había estado impecable en el arranque de ambos tiempos. Sólo faltaba un detalle para que Estudiantes consolidase su hazaña: que resusicitase Felipe Reyes. Y ocurrió. Tras muchos minutos desesperantes, en los que no le salía nada, en los que no se atrevía a tirar, volvió a ser el gladiador de costumbre, insaciable en el rebote ofensivo y fértil en la aportación de canastas.

Un parcial de 8-0 lanzó otra vez al equipo madrileño (74-64, min. 35) y al Barça no le quedó resuello para una nueva réplica. Con Loncar en racha, gustando y gustándose, Estudiantes y su público supieron que ganaban, que habrá cuarto partido (cuando menos), que esta vez no habría final amargo ni opción a los errores/injusticias arbitrales. Vistalegre fue un rugido interminable. Más decibelios que en las cataratas del Niágara. Y mañana, más. Gracias, Estudiantes; gracias, público.

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Igualado el récord de público

Espectacular ambiente el vivido ayer en el coso taurino de Vistalegre, que llevó al Estudiantes al triunfo en volandas. Los 15.200 espectadores que abarrotaron el recinto igualan la mejor asistencia a un partido de Liga en España. El ruido fue ensordecedor y con un triple de Iturbe en el segundo cuarto se alcanzaron los 111,5 decibelios, cerca del umbral del dolor y por encima del ruido que generan las cataratas del Niágara (110).

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