España bate al campeón
España cimentó su victoria en una portentosa defensa y una gran regularidad durante todo el partido.


"No puedo soportar cómo hemos perdido", dijo una vez entre llantos Sidney Wicks, de UCLA, a su entrenador, el gran John Wooden. "Entonces, le sugiero que haga lo posible para que no le vuelva a ocurrir", respondió Wooden. Javier Imbroda debió escuchar eso de algún modo que él sabrá. Y, entre telepático y furioso, el seleccionador madridista y de Melilla consiguió que su equipo, el de España, cazara al lobo yugoslavo que a estas alturas no puede soportar su derrota y que acabó entre insultos y miradas salvajes a los jugadores españoles.
"Quiero que sigáis creyendo", clamaba Javier Imbroda cuando los jugadores de España iban arrasando a Yugoslavia, los campeones de Europa y del mundo. Un mundo de odio a la derrota se condensa en esas frases de Imbroda y Wooden se condensa un mundo. En este caso, por inncreible que parezca, la derrota de Yugoslavia, un equipazo al que la defensa de España descendió del cielo de la NBA al purgatorio del fracaso. Cómo se tiró a la mesa Sasha Danilovic, qué cosas les decían a los españoles los sujetos vestidos con camisetas de la República Srpska y del criminal de guerra Radovan Karadzic...
LA CLAVE FUE LA DEFENSA
Todo el que quiera ganar a Yugoslavia ha de matarse en defensa para rebajar su fenomenal "passing game" y entrecortar la maravillosa circulación de balón de los "plavi", los magos del ataque posicional: porque lo ejecutan con velocidad y clase admirables.
Y el excelente estudio de partido diseñado Imbroda consiguió colapsar a la selección yugoslava durante el primer tiempo, en el que la voraz defensa española, a hombre y al cuello, llena de ajustes, forzó hasta tres sirenazos consecutivos sobre posesiones de Yugoslavia. Muy chulos ellos, los yugoslavos empezaron a jugar sin Divac ni Stojakovic: con 23-10 ya estaban en el campo los dos reyes de los Sacramento Kings.
Entre la congestión de los "plavi" y un escándalo de aciertos españoles en tiros de campo (15-25, 60%), en el descanso se estaba en 44-29, España. Gasol deslumbraba y Navarro era un "colt" humeante: 26-10 en el primer cuarto o 39-20 en el minuto 17: Yugoslavia aún no había entrado en el partido. Pero le quedaba poco...
REMONTADA YUGOSLAVA.
La salida del segundo tiempo fue la liberación del demonio: 0-10 de salida para Yugoslavia, 44-39. Volvía a imponer el desequilibrio en los emparejamientos con los gigantes de los Balcanes. De súbito, el partido cobró alturas siderales, con Gasol y Stojakovic enzarzados en un duelo en las alturas del Mundobasket... y de la NBA. La cuarta falta de Stojakovic detuvo la marea creciente de los Balcanes en 57-47... y 58-52 al final del tercer cuarto. Imbroda quería reencarnarse en Wooden: "Vamos a creer, vamos a ganar..."
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De salida en el último cuarto, 0-7: Divac adelantó a Yugoslavia por primera y única vez en el partido (58-59)... y España no quiso sentirse como Sidney Wicks ante los ojos de Wooden. Comenzaba un feroz ejercicio de resistencia mientras a Yugoslavia le flaqueaban las energías y el oxígeno ante el regimiento organizado por Imbroda en sus últimos reductos defensivos: triples de Navarro y Marco dieron el respiro definitivo a España. Gasol, ansioso y tensionado, falló dos tiros libres cruciales, como Marco unos segundos antes.
Cayó Divac y surgió Bodiroga. Pero la ejemplar defensa de España se cobró su última factura: sin "bonus" de faltas, el último ataque yugoslavo se pudo detener en plena circulación... y la presunta puntilla de Bodiroga sólo encontró aire. Ahora, Yugoslavia nos odia. Pero había que creer. ¿Lo habrá visto Wooden...?



