NBA | new york knicks 93 - washington wizards 91

Jordan es humano

Después de tres años de inactividad, Michael pareció un veterano casi cuarentón en un juego de gente más joven. Pese a todo anotó 19 puntos.

Michael Jordan regresó a la NBA pero no pudo evitar la derrota de los Wizards.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El Jordan de hoy no puede con su sombra... ni con su alma. Michael Jordan, a los 38 años más tres de inactividad competitiva, se enfrenta a una maldición: su espectro. El fantasma de Michael Jordan no es el de Tom Joad, pero quizá se necesitara a John Steinbeck para relatar la cosecha de uvas de la ira que se le viene encima al ex mejor jugador del mundo.

Sin piernas, electricidad ni emoción, y defendido por primera vez con el rigor oficial de la NBA, Jordan abandonó el repleto Madison Square Garden (19.763 espectadores) con derrota honrosa pero con algo de su leyenda ya bajo la sospecha del rubor. Michael pareció un veterano casi cuarentón en un juego de gente más joven. Hubo una bandeja descoordinada y fallida ante Mark Jackson sencillamente impensable en el viejo Jordan. Fue la cara patética de un Jordan... viejo.

Sin apenas elevación ni separación en el tiro, el actual Jordan no puede operar en y por el eje de una defensa como la de los endeblitos Knicks de Jeff Van Gundy, llena de relevos y un buen scouting report. Van Gundy carece de pivots, pero se sabía de memoria lo que iban a hacer Jordan y sus Wizards. Los Wizards estuvieron en el partido hasta el fin, pero Michael Jordan, sin gas en el tanque, falló a 18 segundos del límite el triple que hubiera valido el empate a 91.

La estadística de MJ no es desastrosa: 19 puntos, 7-21 en tiros de campo, 0-3 en triples, 5-6 tiros libres, seis asistencias y cinco rebotes en 37 minutos. Defendió bien a Mark Jackson, pero la sombra de los seis anillos y de su invencibilidad del siglo XX, el siglo pasado, planea sobre la calva cabeza de Mike. A su favor: va a mejorar con la competición y su experiencia le hace ver el campo y el juego como una autopista o un libro abierto. De no ser así, ni podría vestirse de jugador...

En los mejores minutos de Jordan, segundo cuarto, los Wizards llegaron a mandar por 28-39. Se sentó Michael (11 puntos en el descanso, máximo anotador parcial) y los Knicks, con Mark Jackson liberado, recortaron hasta 41-43. En el segundo tiempo, Van Gundy endureció las ayudas defensivas cada vez que Jordan recibía en el poste medio, su plataforma de ataque... y aquel dios de Chicago sólo anotó dos tiros de ocho intentos en los dos últimos cuartos.

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Combatiendo con Sprewell (28 puntos) y Houston (22 puntos, ya más de los 10.000 totales en la NBA), los Wizards (Whitney, 18; Jones, 13) resistieron y ganaban en el último cuarto: 69-71 cuando el presunto salvador Jordan reapareció, a 8:57 del fin.

Ahí, Michael, sin muelles ni explosividad, fue un náufrago: en los dos últimos minutos regaló balones decisivos, cedió a Harrington un precioso rebote en defensa... y falló el triple que valía el 91-91 cuando faltaban 18 bonitos segundos. Harrington (¿quién...?) sentenció el resultado. Como a Jordan lo puede sentenciar el fantasma de "aquel Michael".

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