Baloncesto | Eurobasket de Turquía

Hacia la cumbre

DETERMINANTE. Pau Gasol redondeó una impecable estadística, con 15 puntos y 9 rebotes.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

En el arco iris del fresco y alegre equipo de España ya habitan los colores opacos del hierro y la solidez. La selección de Imbroda, de Gasol, de Paraíso y de la esperanza lleva impresa en los rostros de sus chicos la triple 'D' de los campeones: defensa, determinación, descaro.

Contra esa alianza indefendible, nada podía hacer la primitiva Letonia, una banda de tiradores en torno del pívot-armario Kaspars Kambala. Este es un tosco personaje parecido a Robocop, al Guerrero Universal, o a uno de los extraños internos de Alguien voló sobre el nido del cuco.

El problema para Letonia es que aquí no había un MacMurphy para sacarla del atolladero. Y el jefe o sultán, silencioso e implacable, vestía camiseta blanca española: Pau Gasol.

España es ahora jefe o boss de este Eurobasket, al menos en grupo de Ankara. En Antolya están la Yugoslavia de Peja Stojakovic y la Alemania de Dirk Nowitzki. Pero aquí tenemos a Gasol, que ayer estaba en 15 puntos a los 25 minutos gracias al instinto asesino, esa brillante cualidad de los líderes. De los ganadores. De Gasol.

Ante Eslovenia, Pau intentó fresar a Nesterovic, un NBA consolidado. Ayer, el gigante catalán recibía cada canasta de su par, Uvis Helmanis, como un hierro candente. Y respondía con descargas demoledoras sobre el aro letón, como una majestuosa terminación en contraataque descolgada de los focos (17-16) o un asesinato a canasta pasada que hizo crujir los dientes de los asustados bálticos (69-53).

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Así las cosas, no hubo mucho partido. En el descanso (50-42), Letonia, que resistía por pura impotencia, sólo escapaba al K. O. gracias a 20 puntos de Helmanis. Ni la zona 2-3, ni los tiradores de tres puntos, ni el guerrero Kambala, ni el hijo de Valters, ni Dios bendito podían salvar a los letones.

España entró en el tercer cuarto con el verduguillo a punto: 7-0, 53-42. Bajo la inmensa sombra de las alas del pterodáctilo Gasol, el último cuarto podía no haberse jugado: ahí se llegó con 77-57 para la gente de Imbroda, que gruñía de satisfacción. El chicle letón terminó aplastado. Y hoy, quien tiene miedo no es España, sino Turquía.

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