Pesic hace volar a la selección plavi


En el baloncesto de la ex Yugoslavia, Svetislav Pesic es lo más parecido a Obi Wan Kenobi. Pesic fue el entrenador del maravilloso equipo yugoslavo campeón del mundo júnior en 1987 en Bormio (Italia), tras arrasar a EEUU (Toni Kukoc, 11-12 en triples). Poco después, esa asombrosa selección (Divac, Kukoc, Radja...) desapareció entre las humaredas del infierno de los Balcanes.
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Pero Obi Wan Pesic intentó mantener lazos con todos los que llamaba "sus hijos": les visitaba, escribía... "La desintegración de aquella selección, el dolor y la pérdida de la amistad fue la mayor catástrofe deportiva de Yugoslavia", recordaba con dolor Pesic. Su hijo, Marko, ha acabado en la selección... de Alemania, un panzer serbio de escolta.
Hoy, a los 14 años de las hazañas de Bormio, Pesic ha conseguido dos de los mayores objetivos de su vida. Primero, reunió en Italia a algunos de sus "niños" de 1987 (Divac, Kukoc, Tabak, Alibegovic...) en un campus de hermandad con chicos de la vieja Yugoslavia. Segundo, es el seleccionador de la nueva Yugoslavia, un tren expreso que atrapó a Croacia y ayer arrolló a Estonia en el Eurobasket. Apenas necesitan defender. Siguen siendo chulos, bordes, plavi (azules): Yu-gos-la-via: pero cómo atacan...



