Psicología

Si naciste en la década de los 60 y 70, la psicología dice que puedes tener estos ocho rasgos mentales

Cuando la información era escasa y había que buscarla, contrastarla y debatirla, se fortalecía la reflexión, la duda razonada y la capacidad de cuestionar.

Si naciste en la década de los 60 y 70, la psicología dice que puedes tener estos ocho rasgos mentales
Oliver Rossi
Laura Martin Sanjuan
Redactora de Actualidad
Cosecha del 81. Licenciada en Periodismo. Desde 2017 en Diario AS. Si hay un directo, estará tecleando. Sino, estará buscando una entrevista, un destino por descubrir o un personaje al que conocer.
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¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? A veces sí. Mujeres y hombres en su ‘prime’, como dicen ahora, en su mejor momento de madurez, que nacieron en los años ‘60 y ahora tienen más de 55 años. Toda la experiencia, toda la sabiduría, y muchos con ganas todavía de descubrir el mundo, sorprenderse, disfrutar. Aunque con matices, porque no son pocos los que se ven cada vez más alejados de la realidad actual.

Las personas que nacieron en los ‘60, en los ‘70, vivieron un cambio radical de vida social, sobre todo en España. Pero también tecnológico, laboral, administrativo, familiar incluso. Todo ha cambiado, “casi nada queda de lo de antes”, parafraseando la canción 20 de abril de Celtas Cortos. ¿O sí queda algo? Dicen los psicólogos que los rasgos comunes de quienes nacieron en esas épocas son 8, y tal vez podamos aprender, y enseñar, esas características. Y es que no es nostalgia: son conclusiones basadas en cómo el contexto histórico moldea la mente.

Atención y concentración

Los niños de los 60 y 70 crecieron sin pantallas, sin notificaciones y sin multitarea constante.La psicología cognitiva señala que este entorno favoreció: mayor atención sostenida, mejor memoria de trabajo, capacidad para tolerar el aburrimiento, clave para la creatividad. Hoy, la hiperestimulación digital reduce estos recursos cognitivos.

Manejo de expectativas

La vida no era inmediata: había que esperar para ver un programa, para revelar fotos, para recibir una carta. Esto fortaleció la tolerancia a la demora, la capacidad de regular expectativas, una visión más realista del tiempo y los procesos. La psicología evolutiva explica que la espera entrenaba el cerebro para manejar la frustración sin colapsar.

Tolerancia al malestar sin entrar en pánico

Los psicólogos llaman a esto regulación emocional. Al crecer con menos supervisión y más experiencias directas (caerse, perderse, equivocarse), los niños aprendían: a soportar incomodidad, a resolver problemas sin ayuda inmediata, a no interpretar el malestar como peligro. Hoy, la sobreprotección y la cultura del “todo debe sentirse bien” reducen esta habilidad.

La percepción de que el resultado depende del esfuerzo

Esto se llama locus de control interno. La psicología lo considera un predictor clave de éxito y bienestar. En los 60 y 70, la educación y la vida cotidiana reforzaban la idea de: “si trabajas, lo logras”, “si no te esfuerzas, no sale”. Menos estímulos externos y menos gratificación inmediata fortalecían esta creencia.

La recompensa no es instantánea

La psicología conductual explica que la gratificación diferida es una de las habilidades más importantes para la vida adulta. Quienes crecieron en esa época estaban acostumbrados a: ahorrar, esperar, construir objetivos a largo plazo. Hoy, la inmediatez tecnológica dificulta este aprendizaje.

Capacidad para manejar conflictos cara a cara

La socialización era presencial: en la calle, en el barrio, en la escuela. Esto entrenaba habilidades que la psicología social considera esenciales: lectura del lenguaje no verbal, negociación, empatía, resolución de conflictos sin intermediarios. Hoy, muchos conflictos se gestionan por mensajes, lo que reduce la práctica de estas competencias.

Separar las decisiones prácticas de las emociones

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La psicología cognitiva lo llama pensamiento frío o razonamiento deliberado. Al vivir en entornos donde había que tomar decisiones prácticas (organizarse, moverse solos, resolver problemas cotidianos), los niños aprendían a: no dejarse llevar por impulsos, evaluar consecuencias, priorizar lo funcional sobre lo emocional. Hoy, la cultura emocional y la sobreestimulación dificultan esta separación.

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