Samuel Nacar, ganador de un World Press Photo: “La sociedad implica al fotoperiodista y al periodista al menos 15 años de precariedad para que la gente confíe en ellos”
Junto al Diario AS, el freelance y fotoperiodista barcelonés Samuel Nacar, especialista en migración, cuenta su experiencia, su visión y los retos de cara al futuro del fotoperiodismo.

En diciembre del año pasado, Siria puso fin a una cruenta guerra civil que ya encarrilaba su decimocuarto año de conflicto. Fue un domingo cuando el régimen del expresidente de la República Árabe de Siria, Bashar al-Ásad fue derrocado por las fuerzas rebeldes y opositoras. El martes, Samuel Nacar ya estaba en el terreno con un objetivo claro: dar voz y, sobre todo, visibilizar a los prisioneros, civiles, políticos y militares, que el mandatario había privado de su libertad y torturado durante la contienda. Y lo consiguió. Además, ganó en marzo el World Press Photo 2025 en la categoría de Reportaje Gráfico de Asia Occidental, Central y del Sur. Ahora afronta una nueva etapa en su carrera profesional. Una, la del fotoperiodismo, que tiene pros, contras y puntillas, y que atraviesa retos significativos. Unos con un amplio espectro de predicción.

- En su día, TVE te definió como el fotógrafo que ha puesto cara a los supervivientes de las cárceles sirias. Tu reportaje, “Las sombras ya tienen nombre”, ganador del World Press Photo en la categoría de Reportaje Gráfico (Asia Occidental, Central y del Sur) fue el responsable. Un trabajo vital para comprender una parte del conflicto sirio y el régimen de Bashar al-Ásad. ¿Es tu mayor obra o con la que más orgulloso te sientes?
- Cuando uno gana un World Press Photo pues obviamente se está muy orgulloso. Pero no diría que es mi mayor obra porque es un reportaje. Yo hago mucho trabajo de largo recorrido. Entonces, hay obras a las que les he dedicado cuatro o cinco años, con lo cual esas son demasiado complicadas como para no estar orgulloso de ellas. Sin embargo, con esta en concreto (“Las sombras ya tienen nombre”), pues como que todos los astros se alinearon. En realidad, yo llevo diez años haciendo un poco el éxodo sirio y demás, con lo cual ese trabajo es el cierre de una etapa. Me pone contento, porque es el cierre de diez años escuchando todo lo que sucedía en Siria, pero sin saber lo que pasaba en Siria, ¿no? En el sentido de que cuando estamos en el país, nos dimos cuenta de que: vale, esto es de lo que llevan huyendo todos estos años, y por estas razones son por las que Europa debería haberles acogido y acogerles sin cuestionarlo, ¿no?
- ¿Cuánto tiempo te llevó hacer el reportaje?
- Pues entré cuando cayó el régimen de Bashar al-Ásad, por diciembre del año pasado. Yo no hago “frontline”, no cubro conflictos en el frente. Entonces yo había intentado entrar durante los terremotos de febrero de 2023 en Siria y Turquía, pero al final estuvimos cuatro días en este último y no nos consiguieron dar los permisos. Entonces, lo dejé aparcado un tiempo, pero de repente vimos que había la posibilidad de entrar y que habría facilidades, y, por supuesto, que ya era seguro. Así que, ese fue el momento en el que decidimos que era el momento de entrar, de entrar en medio de ese caos alegre, de ese momento de celebración mundial porque había caído Bashar al-Ásad.
- ¿Tuviste algún inconveniente o problema con el nuevo régimen que se impuso?
- No, ninguno. Es que cuando llegamos, realmente sólo había caído al-Ásad, todavía no existía nuevo régimen. Lo que había era gente que de repente estaba siendo designada para ser responsables de comunicación, ministro de no sé qué… Por tanto, todavía no había nada implantado, por lo menos en la práctica. Entonces, las fronteras estaban, por ejemplo, vacías. No había nadie controlando los pasaportes, los visados, ni nada. A nivel comunicativo, tu hablabas con el militar que estuviera en el sitio y normalmente te dejaba entrar. No había ningún problema en la cobertura, todo estaba completamente abierto porque además esa era la voluntad de la nueva autoridad. Que todo se viera y que se contara todo lo que había pasado en Siria durante más de 13 años.

- A pesar de estas facilidades, un país tras tanto tiempo en guerra no es un campo de flores, ¿cuáles fueron las mayores dificultades que viste o que te enfrentaste por el camino?
- En estas zonas lo normal es la dificultad para trabajar. Sin embargo, aquí fue muy fácil. Pero lo más duro en realidad fue asumir la brutalidad aplicada por el régimen. Fotografiar esa brutalidad. Eso fue lo más difícil. No obstante, no había nadie que no quisiera que se hicieran esas fotos. En ese momento, todo el mundo quería enseñar lo que había pasado. Por tanto, como he dicho, la dificultad estuvo en el aspecto mental. A nivel personal, en retratar la brutalidad de un régimen que lleva torturando y asesinando a gente durante los últimos 13 años.
“Saber que cuando coges un avión vuelves a un hogar, a mí personalmente me hace descargar todo”
Samuel Nacar
- ¿Cómo gestionas el impacto psicológico?
- Esa es una pregunta recurrente que a veces me cuesta contestar. A parte del trabajo psicológico diario que hago, existe esa baza de sentirme muy privilegiado, ¿no? Al final, vivimos en un mundo que no es el mundo que vive la mayoría de gente. Saber que cuando coges un avión vuelves a un hogar, a mí personalmente me hace descargar todo y me ayuda mucho a entender y valorar. Vivo en Barcelona y volver me hace valorar lo que significa vivir ahí cuando vienes de sitios como Siria. Es que lo que nosotros tenemos aquí ni siquiera se compara allí. Para mí, el dato revelador es que para pertenecer al 1% de la población mundial más rica, sólo hay que ganar 30.000 euros. Es muy bestia, porque la mayoría de mis amigos ganan 30.000 euros al año. Entonces, creo que más que hacer el trabajo psicológico de cómo me enfrento a esto, es el hecho de reclamar que en realidad somos super privilegiados. No soy de los que dicen lo de “ay, qué duro es volver”. Porque en realidad, volver es un privilegio.
- El grueso de tu obra orbita en cuestiones migratorias, cuando vuelves, ¿sientes misericordia con aquellos que no pueden hacerlo?
- Sí. La migración, durante muchos años, me ha cargado de mucha rabia. Las migración que yo he cubierto normalmente es en el Mediterráneo, en los Balcanes, Francia, Italia, etcétera. Y a raíz de lo que estábamos hablando, me ha llenado de rabia porque ver en ese mundo privilegiado que los gobiernos permiten que suceda lo que está sucediendo me hacía volver muy enfadado. Me acuerdo que en Grecia, por ejemplo, un sitio paradisiaco, de vacaciones, no había nada ni nadie ayudando a esos inmigrantes que iban llegando. Solo había voluntarios, y de repente, Europa estaba “colapsada” porque habían entrado un millón de personas. ¡Ostras! En Líbano, hay un millón de refugiados sirios cuando la población libanesa llega a los seis millones. En Europa, somos casi 750 millones. Entonces, cuando ves los ratios lo de Europa no tiene nombre, y más cuando con la guerra de Ucrania, de la noche a la mañana, se han facilitado aviones, hoteles, autobuses… Sí que se podía acoger a un millón de refugiados, lo que pasa es que no habéis querido.

- ¿Los fotoperiodistas van al psicólogo?
- Sí, pero depende de las generaciones. Yo sí voy. Creo que vivimos en un momento en el que la salud mental es algo muy importante e ir al psicólogo forma parte casi de nuestras vidas. Es un cambio generacional. Las anteriores generaciones seguramente no podían lidiar con lo que cargaban, o por lo menos no con la asistencia que hay ahora. Por tanto, el titular sería no que los fotoperiodistas van al psicólogo, sino que toda una nueva generación va al psicólogo.
- ¿Cómo decides un conflicto concreto?
- Bueno, creo que yo trabajo desde lo que siento, desde lo que a mí me importa. Y en realidad es un lujo, porque en esta profesión es imposible trabajar sólo de lo que te gusta. Pero, por ejemplo, cubrir una guerra son palabras mayores. Hay que estar muy preparado y no todo el mundo puede ir para allá, no tanto por valentía, si no por el previo entrenamiento mental y físico que requiere. Y de momento, yo no tengo esos conocimientos. Si e toca ir a alguna, imperará más el sentido del deber y de la correspondiente utilidad de uno mismo. Siempre seguiré haciendo fotos donde crea que soy más útil para la sociedad.
- En ese contexto de deber por y para la sociedad, en los tiempos que corren en los que la Inteligencia Artificial es capaz de crear imágenes creíbles, ¿cómo afecta esto al fotoperiodismo y a esas fotografías de utilidad?
- Creo que tanto periodistas como fotoperiodistas somos los únicos que tenemos las armas para luchar y combatir a esas fake news y esa propaganda que se genera con IA. Somos nosotros como personas, quienes podemos decir, “no, yo he estado ahí y pasó esto”. Veo algunos medios que la utilizan para hacer imágenes, y creo que han cruzado la línea muy rápido, porque les va a ir en su contra. Lo que tenemos que contar es esa búsqueda de la objetividad aunque no exista. Por tanto, certificar que “esto” pasó es lo que nos va a dar mucho valor a los fotógrafos.
“La Inteligencia Artificial es fundamental. Otra cosa es generar contenido con ella”
Samuel Nacar
- ¿Cómo puede ser beneficiosa para el fotoperiodismo?
- Pues mira creo que es muy funcional en muchos aspectos. Actualmente, para el fotoperiodismo y la fotografía documental, generadores de texto como ChatGPT sirven para corregir, traducir, para trascribir vídeos, entrevistas… Creo que es super útil. Como herramienta es fundamental. Otra cosa es crear imágenes o contenido con ello. Hay dos líneas completamente diferentes. Creo que la Inteligencia Artificial nos va a ayudar y nos está ayudando. Desde pasar facturas automáticamente, hasta traducir textos, etcetera. Pero, no puede ser la generadora de contenidos. Yo utilizo la inteligencia artificial en mi día a día como la utiliza todo el mundo. Pero nunca voy a crear una imagen con IA. Creo que eso sería matar el periodismo con nuestras propias manos.
“Cuando empezamos a asumir que las redes sociales son fuentes verídicas y contrastadas, el periodismo pierde”.
Samuel Nacar
- Sin embargo se ven imágenes creadas con Inteligencia Artificial que, en cierto modo, distorsionan la realidad, ¿cómo se combate o se evita ese fin de la IA?
- Bueno en realidad, no hace falta la IA para generar este tipo de bulos y propaganda, ¿no? Llevamos años viendo cómo se utilizan vídeos de otros conflictos, de otras situaciones, para hacer creer que pasa una cosa que no está pasando o ha pasado. Creo el hecho en sí es que la información ha pasado a estar en las redes sociales. El gran problema ha sido que hemos cambiado los periódicos por los las redes sociales para informarnos. Ahí hemos perdido la batalla, porque cuando empezamos a asumir que las redes sociales son fuentes verídicas y contrastadas perdemos. Todo lo que son los medios de comunicación, por mucho que estos tengan sus problemas, sus líneas editoriales y demás, tienen a periodistas detrás comprobando esa información, ¿no? Por tanto, creo que más que una cuestión del uso o no de la IA, es una cuestión de en qué momento hemos cedido el poder de la información a las redes sociales. Sin embargo, no me sorprendería que volviéramos a los medios tradicionales de alguna reinvención social. Con la caída de Twitter (X), por ejemplo, ahora la gente sólo tiene Instagram para informarse, que pertenece a la persona que le pertenece. Entonces, repito, cederles esa importancia de la información ha sido un gran error por nuestra parte.
- Antes comentabas el dato de que para pertenecer al 1% más rico del mundo tienes que cobrar mínimo 30.000 euros. En términos generales, ¿cómo llega a fin de mes un fotoperiodista?
- Depende del fotoperiodista, y de para quién trabaje. Si trabaja para agencias o en Breaking News o en un medio del día a día, pues llega a fin de mes con tocando muchos temas al mes. Al final, no se paga muy bien, pero si haces muchos temas, llegas bien. Si me preguntas a mí, personalmente, llegar a fin de mes es algo muy complicado, sobre todo porque yo no hago ese tipo de fotoperiodismo. Entonces, mis trabajos se pagan a final de año. Yo también combino esta profesión con otros muchos trabajos. Al final, el fotoperiodismo no es ni mucho menos, ni pretendo que lo sea, el 100% de mi economía. Hace años estaba frustrado porque no fuera así, sin embargo ahora significa que tengo mayor libertad para elegir los temas y puedo hacer lo que me gusta, ¿no? Esa impotencia la transformas en libertad, en elegir tú lo que quieres hacer. Porque, actualmente, con el tipo de fotografía que hago, vivir de los medios es imposible. Pero creo que hay otras vías. Económicamente es muy complicado, pero nunca antes habíamos tenido los canales de difusión que hemos tenido ahora. Por tanto, el objetivo del fotoperiodismo de impactar en la sociedad se cumple con creces en el mundo en el que vivimos. Ahora el fotoperiodista puede autoeditarse y autopublicarse, aunque sea en las redes sociales. A la pregunta de cómo vivimos, te respondo con “cómo pueda”. Yo hasta que no tenga responsabilidades familiares voy a ir ganando lo que pueda y teniendo el máximo tiempo para trabajar en lo que me gusta.
- ¿Crees que te puede pasar como a los Estrellas Michelín? Con un World Press Photo bajo el brazo, ¿puedes subir tarifas?
- No, no lo creo. Hace mucho que los medios españoles marcaron las tarifas. Ya no depende de ellos, es que algunos viven en deudas crónicas. Da mucha rabia que te paguen lo que te pagan, pero, por otro lado, ellos tampoco pueden hacer mucho más. De hecho, creo que los únicos medios, a nivel mundial, que aguantan todavía el tirón son el New York Times y el Washington Post. Y eso son muy poquitas plazas, hay muchos más fotoperiodistas que vacantes ahí. Entonces, lo de subir los precios es algo muy complicado. En todo caso tengo más acceso a publicar en más medios, pero no creo que me vayan a pagar mejor. La oportunidad de haber ganado un World Press Photo no está tanto en los medios como en fundaciones, como en charlas, como en escuelas… No hay una capacidad por parte de los medios para hacer ese tipo de contrataciones, en mi opinión. Donde hay posibilidad de trabajar y de poder vivir de ello es en las agencias. Para mí con este título, el mercado está en las universidades, en las escuelas, en las fundaciones, en las exposiciones… En estos sitios, sí que se le puede dar el valor que tiene mi trabajo. En los medios ahora mismo por pieza pagan muy poco. Rondará los 70-80 euros por pieza, ¿qué haces con eso? Yo no puedo producir cinco piezas al día por 70-80 euros cada una. A nivel de fotografía, como máximo son 150 un proyecto de “assignment” o “de asignación”. Por eso como mucho podría hacer dos en un día. Pero claro, eso no da para pagar los gastos de un viaje a Siria, por ejemplo. Yo aun así trabajo con La Sexta, como freelance, y eso permite hacer más cosas. Las teles son clave. El vídeo se paga más, la televisión tiene más dinero que los medios escritos… Esa es la vía.
“Es normal que la sociedad implique al periodista o fotoperiodista estos 10, 12 ó 15 años de precariedad para que la gente confíe en ti”
Samuel Nacar
- ¿Cómo te costeaste el viaje a las cárceles sirias?
Pues de primeras con mi dinero. En este caso, yo adelanté lo que tocaba. Por ejemplo, solo el billete eran 600 euros. Pero sí que también antes contactas con varios medios previamente, sabes hacer un poco los números, y llegas a la conclusión de que al menos no pierdes, ¿no? A mí la mayoría de veces me sale más o menos bien. Al fin y al cabo, el fotoperiodismo es una carrera de muy a largo plazo. Las imágenes que creas hoy a lo mejor en la actualidad son “normales”, pero dentro de muchos años tendrán muchísimo valor o incluso ahora mismo está ocurriendo con fotografías antiguas. Entonces creo que con no perder dinero, y luego poder gestionar trabajos, aquí en casa, para mí ya es rentable. Si además mis fotografías las exploto haciendo exposiciones u otor tipo de publicaciones, me sale también rentable. A veces, si solo miramos lo que es la cobertura en sí, pues da mucha rabia que no sea económicamente provechoso, pero al final, acaba teniendo mucha más repercusión que eso, ¿no? Hay que trabajar en un largo plazo y pensar que hacer esto luego te sirve para otras cosas.
-Como por ejemplo...
-Pues mira, me acuerdo que con la DANA de Valencia, no publiqué ninguna foto, pero si el día de mañana hago algún trabajo sobre el Mediterráneo y el cambio climático voy a tener disponible ese archivo para reutilizar. El valor de tus imágenes se lo tienes que dar tú, no los medios. Y tener un archivo amplío y polivalente para el futuro es la clave de un fotoperiodista. No hay que quedarse con que se paga poco, sino conque estamos creando una biblioteca, un discurso a través de fotos, que en el futuro tendrá un valor muy grande. Llegar a fin de mes es abrumador, como lo es el presente, pero el fotoperiodismo es una carrera muy a largo plazoel cual tiene como objetivo aguantar. Por eso mismo, a lo mejor hay que descansar más, trabajar en otras cosas que te den más perspectiva, más recursos, y no quemar todo en dos años sino hacerlo en 20 ó 25. A partir de ahí empiezan a salir los números. Es que al fin y al cabo, el periodismo es el cuarto poder, es capaz de cuestionar y derrocar sistemas y gobiernos. Entonces, es normal que la sociedad implique al periodista o fotoperiodista estos 10, 12 ó 15 años de precariedad para que la gente confíe en ti. Hay que mirarlo así.

- ¿Tú como empezaste? ¿Cuántos años llevas de precariedad?
- Pues yo ya llevo diez años de precariedad. Empecé con 23 en Grecia, y tengo 33. En realidad, mi camino ha sido muy rápido. Para llegar donde estoy ahora ha pasado muy poco tiempo. Obviamente he tenido vida, tengo relaciones sociales y he hecho más cosas en estos años. Estoy muy contento de mi camino, pero hay cosas que con otra profesión pues a lo mejor me podría haber permitido, ¿no? Yo nunca me he comprado una moto, o un coche, casi todo el dinero que he ido ganando lo he tenido que gastar en cámaras, ordenadores, viajes… Pero bueno, son elecciones vitales. Lo que yo he vivido y he aprendido en estas experiencias es muy valioso, y espero que esa trayectoria se valore. La precariedad lleva a uno a exigirse más cada día, a forzarte a mejorar, a revisar las imágenes. Y sobre todo, en mi caso, a tener la posibilidad de tener tiempo, uno que me permite estudiar, ver otros trabajos, hablar con otros fotógrafos, estar donde hay que estar. Y para que un domingo caiga Bashar al-Ásad, y el martes estar rumbo a Siria.
- ¿A dónde vas próximamente?
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- Pues actualmente estoy haciendo un documental en Linares, una ciudad en Jaén que tenía una fábrica de coches que cerró en 2010. Desde entonces, la localidad durante diez años ha ido encabezando las cifras de paro en toda Europa. Entonces, con este proyecto estamos intentando hablar sobre la desindustrialización y la despoblación en España. Para ello, llevamos cuatro años consiguiendo los permisos y la financiación, y ahora estaremos todo este año trabajando allí. La idea en sí del documental me parece preciosa porque trata de visibilizar la realidad de todos aquellos jóvenes que han decidido quedarse en España y no migrar fuera. Yo vengo de una generación de mucha emigración a otros países porque aquí no había futuro, y entonces quiero explicar cómo es y, más bien, qué significa el quedarse en España y qué implica cuando todo el mundo se marcha. El documental se titula “Taranta”, y creo que para septiembre del año que viene ya estará disponible para verlo, de momento, en Canal Sur, y esperemos que en Televisión Española también.
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