Realizan mediciones satelitales durante dos décadas y concluyen que nuestro planeta se está oscureciendo
Durante más de veinte años, mediciones satelitales muestran que la Tierra refleja menos luz solar, afectando su equilibrio climático.


Un estudio realizado durante más de dos décadas con mediciones satelitales ha concluido que nuestro planeta está oscureciendo. Esta investigación comenzó con el satélite CERES en enero de 2001 y finalizó en diciembre de 2024, y muestra cómo tanto el hemisferio norte como el sur absorben la luz solar más rápidamente.
Esto se debe a que el albedo, la capacidad de la Tierra para reflejar la luz solar, está disminuyendo. Según esta investigación, este “oscurecimiento” no es solo una curiosidad estadística, sino también una señal sobre el cambio climático.
El albedo depende de las nubes, el hielo, los océanos y la superficie terrestre. Los campos de nieve, superficies claras y casquetes polares presentan un alto nivel de reflectividad, mientras que en zonas más oscuras, como el agua abierta o la roca desnuda, el albedo es bajo.
Actualmente, el albedo planetario es de 0,29. El derretimiento de los glaciares y la reducción de la capa de nieve han generado superficies mucho más oscuras, lo que disminuye la capacidad de reflexión de la luz solar.
Simetría interhemisférica del albedo
Un dato interesante es que, en promedio, el albedo es similar en ambos hemisferios, un fenómeno conocido como simetría interhemisférica. Esto sorprende a muchos, dado que el hemisferio sur tiene más océanos que tierra, por lo que se esperaría un albedo más bajo. Este equilibrio se atribuye a que las nubes compensan las diferencias, aunque algunos estudios recientes señalan que el comportamiento de las nubes es más complejo de lo que se pensaba.
Según este estudio dirigido por Norman Loeb, del Centro de Investigación Langley de la NASA, el cambio en el albedo de la Tierra no es uniforme y se produce más en el hemisferio norte que en el sur.
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Además, los aerosoles, partículas microscópicas de polvo, hollín, sal marina o ceniza volcánica que flotan en el aire, también influyen. Estas partículas pueden favorecer la formación de nubes, lo que en ciertos contextos ayuda a aumentar la reflectividad de la luz.
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