Sociedad

Emergen fotografías aéreas antiguas con datos clave de un mecanismo con consecuencias importantes para este país de Europa

Un vuelo militar en los sesenta sobre la Antártida revela pistas decisivas sobre el aumento del nivel del mar y su impacto en las costas, entre otros países, de Dinamarca.

Antartida
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En noviembre de 1966 , un avión de hélice estadounidense sobrevolaba uno de los rincones más remotos y olvidados del planeta: la península Antártica, justo al sur de Chile. A bordo, un fotógrafo tomaba imágenes para cartografiar el inhóspito paisaje helado. Sin saberlo, capturó el inicio de un proceso que, décadas después, ayudaría a entender uno de los mecanismos más cruciales del cambio climático.

Las fotografías, rescatadas y analizadas recientemente por un equipo de la Universidad de Copenhague, revelan el inicio del colapso de la plataforma de hielo Wordie, una masa flotante de hielo que en su día actuaba como barrera natural para frenar el avance de los glaciares hacia el mar.

Aquellas imágenes, tomadas entre 1966 y 1969, se han convertido en el punto de partida de un estudio que ayuda a predecir cuándo y cómo subirán los océanos, y qué países deberían prepararse con más urgencia. Dinamarca, en concreto, está entre los más vulnerables, debido a su baja altitud general sobre el nivel del mar. Pero el riesgo también se extiende a zonas costeras bajas de España, como Doñana, el delta del Ebro o buena parte de la costa mediterránea.

Los tapones del hielo

La importancia de las plataformas de hielo es poco conocida fuera del ámbito científico. Estas formaciones no aumentan directamente el nivel del mar cuando se derriten —ya están flotando en el océano—, pero funcionan como “tapones” que contienen enormes volúmenes de hielo continental. Cuando estas plataformas colapsan, como lo hizo Wordie a lo largo de las últimas décadas, los glaciares que antes estaban frenados fluyen sin resistencia hacia el mar, alimentando su subida.

Según la televisión pública danesa TV2, el equipo, liderado por el investigador Mads Dømgaard, ha aplicado técnicas modernas de fotogrametría 3D, analizando miles de imágenes aéreas antiguas para recrear con precisión cómo ha cambiado el paisaje helado. Gracias a este trabajo, han podido determinar cuánto ha adelgazado el hielo, cómo ha cambiado su forma y a qué velocidad avanza hacia el océano. Lo más sorprendente no fue solo confirmar el colapso de Wordie, sino identificar su verdadera causa: no fue el calentamiento del aire, como se pensaba hasta ahora, sino el aumento de la temperatura del mar, que derrite el hielo desde abajo, de forma invisible pero implacable.

Aunque la plataforma Wordie tenía un tamaño similar al de Fionia, una isla danesa de unos 3.000 km², lo que inquieta a los científicos son otras plataformas mucho mayores en la Antártida, como Ronne y Ross. Si estas llegaran a colapsar, podrían liberar suficiente hielo como para elevar el nivel del mar hasta cinco metros. Y aunque el fenómeno ocurre en el hemisferio sur, sus consecuencias se sentirán con más fuerza en el norte, incluida Europa, debido a cambios en el campo gravitacional terrestre que redistribuyen el agua hacia latitudes más septentrionales.

Un proceso lento pero constante

Para muchos países europeos, este estudio representa una advertencia. Bélgica, Países Bajos, Francia, Alemania, e incluso España podrían verse seriamente damnificados si el nivel del mar aumenta. Sin embargo, este tipo de investigación también ofrece una noticia agridulce. Y es que el colapso del hielo está ocurriendo más lentamente de lo que se temía, lo que da cierto margen para prepararse. En el peor de los casos, la tendencia es irreversible y seguirá avanzando durante generaciones, incluso si se detienen hoy mismo las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Este tipo de estudios nos da más tiempo para actuar, pero también deja claro que no podemos permitirnos seguir esperando”, explica Anders Anker Bjørk, coautor del estudio. La urgencia no es solo científica: se trata de planificar bien las inversiones en adaptación climática, saber qué zonas hay que proteger primero y cómo hacerlo con tiempo.

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Así, unas fotografías olvidadas durante décadas se convierten en testigos mudos del inicio de un cambio que cada vez es más directo y pronunciado. Un recordatorio de que, incluso en los confines más remotos del planeta, se están escribiendo los capítulos decisivos del futuro climático de Europa, y del mundo.

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