Revelan que China alimenta la maquinaria de guerra rusa a espaldas del mundo: así es la estrategia que utiliza para evitar sanciones
Una investigación revela cómo motores chinos etiquetados como “unidades de refrigeración” están impulsando drones rusos que atacan Ucrania.

China es una pieza clave, aunque de forma silenciosa, en el esfuerzo bélico de Rusia en Ucrania. Así lo demuestra una reciente investigación de la agencia Reuters, que ha sacado a la luz un entramado internacional cuidadosamente diseñado para burlar las sanciones impuestas por Occidente. Según fuentes europeas de inteligencia y documentos confidenciales revisados por el medio, motores fabricados en China están siendo enviados a Rusia bajo falsas etiquetas, como “unidades de refrigeración industrial”, para alimentar la producción de drones de ataque Garpiya-A1.
La red se apoya en empresas pantalla, rutas de envío indirectas y documentación alterada para ocultar la verdadera naturaleza del comercio. El objetivo: mantener en funcionamiento la cadena de suministro del fabricante estatal ruso IEMZ Kupol, sancionado tanto por la Unión Europea como por Estados Unidos, y responsable del desarrollo de un dron que Moscú emplea intensamente en sus ataques contra Ucrania.
Motores chinos, drones rusos
Según Reuters, los motores modelo L550E, de origen chino, están en el corazón del Garpiya-A1, un dron ruso de largo alcance basado en el Shahed iraní, pero con componentes modernizados de origen asiático. El aparato ha sido utilizado de forma masiva por el ejército del Kremlin para atacar tanto objetivos militares como infraestructuras civiles en territorio ucraniano. De hecho, la inteligencia militar ucraniana estima que Moscú utiliza alrededor de 500 de estos drones cada mes.
En este contexto, la empresa china Beijing Xichao International Technology and Trade comenzó a suministrar los motores a Kupol luego de que su fabricante original, Xiamen Limbach Aviation Engine Co., fuera sancionado en 2023. El envío de este material se realiza mediante intermediarios y bajo etiquetas falsas que los describen como “material de refrigeración”, lo que permite sortear los controles aduaneros tanto en China como en los países de tránsito.
Y es que, según la investigación, la ruta es clara. Los motores salen desde Pekín hacia Moscú, transportados por aerolíneas chinas como Sichuan Airlines y China Southern Airlines, para después ser enviados a Izhevsk, sede de Kupol. El material pasa antes por dos empresas pantalla rusas —SMP-138 y LIBSS— que figuran en los documentos como destinatarios de bienes industriales inocuos. Un contrato revisado por Reuters deja constancia de que el envío se realizaría bajo esta etiqueta para no levantar sospechas ni alertar a las autoridades aduaneras chinas.
Pese a las sanciones occidentales, Kupol ha logrado triplicar la producción de estos drones en 2025, tras firmar un contrato con el Ministerio de Defensa ruso para fabricar más de 6.000 unidades este año, frente a las 2.000 de 2024. Según un informe interno de la empresa, ya se habían entregado más de 1.500 drones antes de abril. Esta capacidad de producción es posible gracias al continuo flujo de componentes que burlan los controles impuestos por Bruselas y Washington.
China niega la implicación directa
En respuesta a las preguntas de Reuters, el Ministerio de Exteriores chino negó tener conocimiento de estos envíos y defendió que el país regula estrictamente las exportaciones de productos de doble uso. También reiteró su rechazo a las “sanciones unilaterales que no cuentan con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU”.
Sin embargo, algunos analistas internacionales señalan que la línea entre el uso civil y militar de esta tecnología es cada vez más difusa. Según Meia Nouwens, experta en política de defensa china del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), para Reuters, Pekín ve en el apoyo indirecto a Moscú una forma de mantener a Estados Unidos distraído en Europa y evitar que redoble su presión en Asia-Pacífico.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se reunirá esta semana con el presidente chino Xi Jinping y el primer ministro Li Qiang. Europa busca presionar a China para que refuerce los controles a las exportaciones de productos de doble uso, sin romper por completo los lazos económicos.
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El pasado 2 de julio, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, trasladó personalmente al ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, su preocupación por el papel indirecto que algunas empresas chinas están jugando en la guerra de Ucrania. Según la UE, este apoyo “supone una amenaza directa a la seguridad europea”.
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