La nueva doctrina Macron: más Mediterráneo, más África, más poder francés
El Elíseo reactiva su diplomacia militar para recuperar influencia en el norte de África, busca frenar a Turquía y Rusia desde Libia toda vez que ha perdido influencia en el Sahel.


Francia está reconstruyendo su red de alianzas y quiere volver a ser un actor imprescindible en la seguridad mediterránea y en la geopolítica internacional. La reciente visita del comandante en jefe adjunto de las Fuerzas Armadas libias, Sadam Haftar, al Palacio del Elíseo no es un gesto aislado: forma parte de una estrategia más amplia con la que París busca reposicionarse en un Mediterráneo cada vez más disputado.
La llegada de Saddam Haftar a la capital francesa se suma a una serie de contactos de alto nivel entre Francia y el mando militar del este de Libia. En febrero de 2025, el propio mariscal Khalifa Haftar fue recibido oficialmente por el presidente Emmanuel Macron en el Elíseo, en una reunión destinada a “profundizar la cooperación franco‑libia” y revisar los desafíos de seguridad regional.
Aquella visita marcó el fin de un periodo de distanciamiento entre París y Bengasi. La presencia ahora de Saddam Haftar confirma que Francia está normalizando y reforzando su relación con el bloque militar que controla el este del país.

Pero hay más. La reunión entre Saddam Haftar y altos cargos franceses en el Palacio del Elíseo adquiere un peso especial porque uno de los interlocutores principales fue Vincent Giraud, el jefe del Estado Mayor Particular del presidente de Francia. Este cargo lo convierte en el máximo asesor militar directo de Emmanuel Macron, responsable de coordinar la estrategia de defensa y las relaciones militares internacionales al más alto nivel. Su participación indica que Francia quiere elevar el nivel político y militar de su relación con el mando de Haftar. El encuentro no es protocolario: implica decisiones estratégicas y un interés real en reforzar la cooperación. Si Giraud está en la mesa, es porque Francia considera a Haftar un actor clave para su retorno al protagonismo en la seguridad mediterránea.

Libia, el epicentro de la nueva estrategia francesa
Mientras Francia abre frentes por el norte, con Groenlandia como protagonista (abrirá un consulado en Groenlandia a principios de febrero), además de enviar tropas junto a Dinamarca, Suecia, Gran Bretaña, Noruega y Alemania, en el sur la reactivación del vínculo con Haftar responde a una lógica geopolítica clara que busca la seguridad mediterránea, Libia es un corredor crítico para la migración irregular hacia Europa y un foco de inestabilidad que afecta directamente al Mediterráneo central.
Turquía, Rusia, Italia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos compiten por la influencia en el país, y Francia no quiere quedar relegada. Tras la pérdida de influencia en Mali, Burkina Faso y Níger, París necesita nuevos puntos de apoyo en el norte de África, sin olvidar que Libia posee importantes reservas de petróleo y gas, esenciales para la autonomía energética europea.
El Mediterráneo vuelve a ser prioridad: París quiere liderar a los vecinos del sur
La política exterior francesa en el Mediterráneo se articula en tres ejes:
- Reforzar la cooperación militar y de seguridad.
- Liderar la política europea hacia la Vecindad Sur.
- Contrarrestar la influencia de potencias rivales.
Por lo que las reuniones con Haftar (tanto la del mariscal como la de su hijo) encajan en esta estrategia. Francia quiere presentarse como mediador indispensable en el conflicto libio y como potencia capaz de influir en la arquitectura de la seguridad mediterránea.
Un mensaje con destinatarios clave: Turquía, Rusia y la UE
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El acercamiento a Haftar envía señales y mensajes claros de Francia (por si alguien se da por aludido). A Turquía, París no renuncia a su papel en el Mediterráneo oriental, donde Ankara ha ganado terreno militar y diplomático. A Rusia, Francia busca contrarrestar la presencia del grupo Wagner y otros actores rusos en el este libio. A la Unión Europea, París quiere liderar la política hacia Libia y marcar el ritmo en materia de seguridad y migración. A los países del Magreb, Francia sigue siendo un actor relevante y no piensa retirarse de la región pese a su retroceso en el Sahel. Parafraseando a Rosalía, Francia es un stalker.
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