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Una inscripción encontrada en España reescribe la historia del despliegue de las tropas de la Antigua Roma en la Península Ibérica

En Zamora, dos investigadores han descubierto una lápida funeraria que transforma las características de las legiones romanas y de cómo se distribuyeron por la Península.

Una inscripción encontrada en España reescribe la historia del despliegue de las tropas de la Antigua Roma en la Península Ibérica
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La Península Ibérica tiene la suerte de ser una de las zonas geográficas que a lo largo de la historia ha tenido un mayor flujo de pueblos y civilizaciones del planeta. Desde íberos hasta griegos, pasando por los romanos, visigodos y musulmanes. Sin embargo, la Antigua Roma, como en buena parte del mundo, siempre despierta curiosidad, y más aún si parece que la historia que se conoce sobre ellos parece ser distinta.

Y es que en una bodega de la localidad zamorana de Fuente Encalada, se ha descubierto una estela funeraria perteneciente a un soldado de caballería del Ala Agusta, una unidad auxiliar de las tropas romanas. Pero la peculiaridad de este hallazgo es su fecha de datación. Estudiado por los investigadores Juan José Palao Vicente, de la Universidad de Salamanca, y Jorge Sánchez-Lafuente Pérez, de la Universidad de León; la lápida consta del siglo I d.C, concretamente del periodo julio-claudio, que comprendió los años de entre el 27 a.C. y el 68 d.C.

En estas fechas, la costumbre de erigir inscripciones entre los militares, y especialmente entre los soldados auxiliares, no estaba muy extendida, por tanto sugiere que ya en edades tempranas en estos regimientos se daba importancia a estos efectivos. ¿Pero qué tienes de peculiares estos soldados? Pues nada más y nada menos que su procedencia.

Una legión de peregrinos sin tanto peregrino

La primera línea de la inscripción, la cual estaba fragmentada, identificaba a al soldado caído como «C(aius) Iulius […]mnus», denominación que atribuye al difunto con los tres nombres propios de un ciudadano romano. Una incongruencia si se tiene en cuenta la naturaleza del Ala Augusta, ya que nació en tiempos del Imperio como una unidad de caballería auxiliar compuesta de peregrinos, es decir, personas no ciudadanas de Roma. En la Península, posteriormente a su llegada, mayoritariamente lo componían galios.

Sin embargo, ya existían estudios que planteaban una presencia común de soldados ciudadanos en el Ala Augusta, pero este hallazgo lo vaticina, y en tiempos muy anteriores. Otro hito epigráfico, es la descripción que figuran en la segunda y tercera línea de la lápida: «eq(ues) / al(ae) Aug(ustae)», o soldado de caballería del ala Augusta. Este detalle constituye el epitafio más antiguo en Hispania de un soldado auxiliar en activo con ciudadanía romana.

“Esta inscripción constituye un nuevo e interesante testimonio de los auxiliares que formaron parte del exercitus hispanicus en el período julio-claudio, y además plantea nuevas hipótesis sobre el momento de la posible llegada del Ala Augusta a los territorios hispánicos, el lugar de operación y estacionamiento, y la legión a la que pudo haber estado vinculada", señalan Palao Vicente y Sánchez-Lafuente según La Brújula Verde.

Entonces, ¿cuándo llegó el Ala Augusta a Hispania?

Con estos antecedentes, surge otra cuestión, la de la fecha exacta de la llegada de la legión de peregrinos a la Península. Según la historiografía vigente, el pacto de Clunia del año 40 d. C., el cual se grabó en una lámina de bronce, establece que el Ala Augusta se encontraba para entonces en Hispania. No obstante, la datación julio-claudiana de la nueva estela y la probable condición de su jinete como ciudadano romano, invita a deducir que ya estaban desde hace mucho antes.

Según los investigadores, estas fechas precedentes pueden ajustarse a dos escenarios. Uno en el reclutamiento y envío de tropas al norte de la Penísnula durante las Guerras Cántabras (29-19 a. C.); y otro entre los años 6 y 9 d. C, cuando se sucedieron diversas convulsiones en el Imperio que obligaron a redistribuir soldados por todos los territorios.

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Sea cual sea, este hallazgo reescribe la historia, por muy insignificante que parezca. Un pequeño detalle puede desencadenar una ola de hipótesis que cambian el conocimiento establecido. Al igual que en la realidad, el efecto mariposa también sucede en los registros históricos, y saber cuándo llegó el Ala Augusta, cómo se desplazó y cuáles eran sus características resultan fundamentales para conocer mejor el control y romanización de la Península Ibérica. Y también, consiguientemente, para conocernos mejor en el presente.

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