Una cafetería utiliza IA para monitorizar a sus empleados, medir la productividad y los tiempos y no puede creer lo que encuentra
La IA llega a la hostelería para medir la actividad en los locales. Su uso abre un debate sobre privacidad y control laboral.


La inteligencia artificial ya forma parte habitual de sectores como la industria o el comercio electrónico, donde se utiliza para mejorar la organización y agilizar tareas. Ahora esta tecnología empieza a llegar también a la hostelería. Su incorporación no está exenta de polémica, ya que algunos consideran que puede suponer un exceso de control.
Un ejemplo es NeuroSpot Barista, un sistema que analiza imágenes de vídeo para observar lo que ocurre en una cafetería. Mediante cámaras instaladas en el local el programa procesa la información al momento y calcula datos como cuánto se tarda en preparar los pedidos o el nivel de actividad de los empleados.
Tal y como se ve en el vídeo, se ve la productividad de los empleados, sus movimientos, cuántos cafés prepara cada uno, etc. Pero también la IA le ayuda a ver el tiempo que pasan los clientes en el establecimiento, desde personas que llevan más de una hora a otras que llevan tan solo un cuarto de hora.
This coffee shop uses AI to track the productivity of baristas and how much time customers are spending in the shop.
— Massimo (@Rainmaker1973) February 17, 2026
The NeuroSpot Barista Staff Control and Customer Monitoring Video Analytics Module, are tools designed to enhance the efficiency.pic.twitter.com/67eXamwLc4
La empresa puede utilizar estos datos para detectar momentos de mayor carga de trabajo, reorganizar turnos o mejorar el funcionamiento diario del negocio. Quienes apoyan esta tecnología la comparan con otros programas de gestión que ayudan a tomar decisiones con datos concretos y a reducir gastos.
Cuestiones laborales, técnicas y legales
Las principales críticas se centran en tres puntos. Por un lado está el impacto en el bienestar de los trabajadores, ya que sentirse observados de forma constante puede aumentar la presión en el sector. A ello se suma el aspecto legal, ya que en España este tipo de control debe cumplir la normativa de protección de datos, informar previamente a la plantilla y limitar el uso de la información.
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Otro elemento que entra en juego es que los propios clientes también quedan incluidos en el análisis, ya que se registran su permanencia y movimientos dentro del establecimiento. Esto amplía el debate sobre hasta dónde debe llegar el uso de la tecnología.
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