Nacho Hernández, jefe de logística del Ejército en la Antártida: “Prever para proveer. No hay error o plan B”
Hacer una lista de la compra para cuatro meses no es fácil, qué llevar, cómo. Una vez que el barco zarpa, no hay vuelta atrás. El responsable y gobernador nos cuenta a Diario AS todos los detalles.


En la Antártida no hay margen para el error. Cada tornillo, cada litro de combustible, cada alimento y cada equipo científico que llega a la Base Gabriel de Castilla es el resultado de una planificación milimétrica que comienza muchos meses antes de que el personal pise Isla Decepción. Así nos lo explica a Diario AS Ignacio Hernández de Paz, (Segovia, 1983) jefe de logística de la Campaña Antártica y, una vez en territorio polar, gobernador de la base española, que normalmente está destinado en la Inspección General de Sanidad en Madrid.
“La Antártida es un territorio hostil y aislado. Aquí la planificación no es importante: es vital”, resume. Su misión es garantizar que los científicos dispongan de todo lo necesario para desarrollar sus proyectos en condiciones óptimas, desde el material técnico hasta la alimentación diaria.
La lista de la compra más exigente del mundo
El proceso arranca con una pregunta aparentemente simple: ¿qué se necesita? Cada área (instalaciones, navegación, alimentación, ciencia) elabora su propia lista de materiales. “El personal de cada sección sabe mejor que nadie qué va a necesitar para cumplir su cometido”, explica Hernández de Paz.
Una vez reunidas todas las peticiones, llega el momento de ajustar expectativas. No todo puede comprarse. No todo puede transportarse. No todo cabe. “La logística consiste en equilibrar deseos con realidades: presupuesto, transporte y espacio disponible”, señala.
Comprar con precisión quirúrgica
“La adquisición del material se rige por la Ley de Contratos del Sector Público, mediante licitaciones abiertas. El abanico de compras es tan amplio como sorprendente: desde un horno industrial para la cocina hasta aerogeneradores, pasando por equipos de navegación polar”, detalla.
“La Antártida no da segundas oportunidades. Lo que no se compre antes de la campaña, no se podrá adquirir después”, recuerda el jefe de logística. Una vez el barco zarpa, no hay vuelta atrás. Lo que está, está.
“La Antártida es un territorio hostil y aislado. Aquí la planificación no es importante: es vital”, resume. Su misión es garantizar que los científicos dispongan de todo lo necesario para desarrollar sus proyectos en condiciones óptimas, desde el material técnico hasta la alimentación diaria.

La lista de la compra más exigente del mundo
El proceso arranca con una pregunta aparentemente simple: ¿qué se necesita? Cada área —instalaciones, navegación, alimentación, ciencia— elabora su propia lista de materiales. “El personal de cada sección sabe mejor que nadie qué va a necesitar para cumplir su cometido”, explica Hernández de Paz.
Una vez reunidas todas las peticiones, llega el momento de ajustar expectativas. No todo puede comprarse. No todo puede transportarse. No todo cabe. “La logística consiste en equilibrar deseos con realidades: presupuesto, transporte y espacio disponible”, señala.
Comprar con precisión quirúrgica
La adquisición del material se rige por la Ley de Contratos del Sector Público, mediante licitaciones abiertas. El abanico de compras es tan amplio como sorprendente: desde un horno industrial para la cocina hasta aerogeneradores, pasando por equipos de navegación polar.
“La Antártida no da segundas oportunidades. Lo que no se compre antes de la campaña, no se podrá adquirir después”, recuerda el jefe de logística. Una vez el barco zarpa, no hay vuelta atrás.

Del despacho al hielo: el Gobernador de la base
Cuando la expedición llega a Isla Decepción, la logística no termina; se transforma. Hernández de Paz pasa a ser el gobernador de la base, responsable de gestionar todos los recursos humanos y materiales disponibles.
Su objetivo es doble: mantener la base en funcionamiento y convertirla en un hogar temporal para quienes viven allí durante semanas. “Nuestro lema es prever para proveer. Cualquier imprevisto debe estar contemplado antes de que ocurra”, afirma.
Mantenimiento constante en un entorno extremo
En un lugar donde el frío y la humedad lo desafían todo, el mantenimiento es una tarea diaria. Revisar entradas de agua en los equipos de navegación, limpiar antenas de comunicación en las cotas más expuestas de la isla, controlar fechas de caducidad de alimentos o asegurar que el módulo de emergencia esté siempre abastecido. “Hay que sacar el máximo partido a cada equipo y mantenerlo en condiciones óptimas. Aquí nada puede fallar”, subraya.
La alimentación: energía y refugio emocional
El aislamiento y las bajas temperaturas convierten la alimentación en un pilar fundamental. No solo por su valor energético, sino por su impacto psicológico. Las comidas son un momento de desconexión, de descanso y de cohesión del grupo. “La cocina española y el equipo de alimentación son esenciales para mantener la moral alta”, reconoce Hernández de Paz.
Una misión dura… y apasionante
La logística antártica es un desafío permanente: distancia, aislamiento, ausencia de plan B. Pero también es una labor profundamente motivadora. “Contribuir a preservar la belleza de la Antártida y su condición de reserva de paz y ciencia es un privilegio”, concluye.
En un continente donde la naturaleza impone sus reglas, la logística es el engranaje silencioso que permite que la ciencia avance. Y en la Base Gabriel de Castilla, ese engranaje late al ritmo de una máxima inquebrantable: prever para proveer.
Del despacho al hielo: el gobernador de la base
Cuando la expedición llega a Isla Decepción, la logística no termina; se transforma. Este segoviano pasa a ser el Gobernador de la Base, responsable de gestionar todos los recursos humanos y materiales disponibles. Su objetivo es doble: mantener la base en funcionamiento y convertirla en un hogar temporal para quienes viven allí durante semanas. “Nuestro lema es prever para proveer. Cualquier imprevisto debe estar contemplado antes de que ocurra”, afirma.
Mantenimiento constante en un entorno extremo
En un lugar donde el frío y la humedad lo desafían todo, el mantenimiento es una tarea diaria. Revisar entradas de agua en los equipos de navegación, limpiar antenas de comunicación en las cotas más expuestas de la isla, controlar fechas de caducidad de alimentos o asegurar que el módulo de emergencia (abierto todo el año) esté siempre abastecido. Y sí, en fechas especiales, se puede dar algún capricho. “Hay que sacar el máximo partido a cada equipo y mantenerlo en condiciones óptimas. Aquí nada puede fallar”, subraya.
La alimentación: energía y refugio emocional
El aislamiento y las bajas temperaturas convierten la alimentación en un pilar fundamental. No solo por su valor energético, sino por su impacto psicológico. Las comidas son un momento de desconexión, de descanso y de cohesión del grupo. “La cocina española y el equipo de alimentación son esenciales para mantener la moral alta”, reconoce Hernández de Paz, quien nos atiende después de realizar una ruta de evacuación en caso de erupción del volcán.

Una misión dura… y apasionante
La logística antártica es un desafío permanente: distancia, aislamiento, ausencia de plan B. Pero también es una labor profundamente motivadora. “Contribuir a preservar la belleza de la Antártida y su condición de reserva de paz y ciencia es un privilegio”, concluye.
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En un continente donde la naturaleza impone sus reglas, la logística es el engranaje silencioso que permite que la ciencia avance. Y en la Base Gabriel de Castilla, ese engranaje late al ritmo de una máxima inquebrantable: prever para proveer.
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