Luz verde al plan de 1000 km por el lecho submarino para conectar España con este país europeo
Este nevo conector submarino pone en relieve la necesidad de alianzas energéticas transfronterizas entre países de la Unión Europea.

España e Irlanda han anunciado el inicio de un ambicioso proyecto para construir un interconector eléctrico submarino que unirá directamente las redes de ambos países. La iniciativa, presentada esta semana, pretende fortalecer la cooperación energética europea y aumentar la integración de las energías renovables en el mercado común.
Según adelantó el medio británico Euro Weekly News, los gobiernos de ambos países prevén firmar un memorando de entendimiento (MoU) en la primavera de 2026. Este acuerdo marcará el inicio formal del diseño técnico y financiero del proyecto, que podría completarse a mediados de la próxima década.
Aunque aún no se han revelado detalles concretos sobre el trazado o la capacidad del cable, se espera que supere los 1.000 kilómetros de longitud, convirtiéndose en uno de los interconectores más largos del mundo.
La conexión permitiría transportar electricidad entre Irlanda y España por debajo del Atlántico, facilitando la exportación de excedentes renovables del sur de Europa y el suministro de energía estable a Irlanda, que busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles y de las interconexiones con el Reino Unido.
Un pacto estratégico para Irlanda
La Comisión Europea ha respaldado públicamente la necesidad de aumentar las interconexiones transfronterizas. Actualmente, Irlanda mantiene una limitada conexión eléctrica con el continente europeo, principalmente a través del Celtic Interconnector con Francia, por lo que la nueva línea con España supondría un salto estratégico hacia una red eléctrica verdaderamente europea.
España, por su parte, continúa avanzando en su papel como potencia exportadora de energía limpia. La posibilidad de exportar el exceso de energía a otros países del norte europeo, donde la producción renovable es más irregular, refuerza la posición de España en el mercado energético de la UE.
Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica señalan que el proyecto también impulsará inversiones en almacenamiento energético y refuerzo de la red nacional, con el objetivo de impedir desequilibrios o vulnerabilidades que puedan afectar la estabilidad del sistema, y así evitar una situación parecida a la del apagón nacional ocurrido en abril.
El impacto económico y político del proyecto
El coste estimado del proyecto podría alcanzar varios miles de millones de euros, aunque se prevé una financiación mixta entre fondos europeos, inversión privada y aportaciones de los gobiernos implicados. Además, el desarrollo del cable implicará la creación de empleos especializados, tanto en ingeniería marina como en energías renovables y gestión de redes inteligentes.
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Desde Bruselas, el interconector entre Irlanda y España se interpreta no solo como una obra de infraestructura, sino como un símbolo del nuevo mapa energético europeo. Si se cumplen los plazos previstos, la línea podría entrar en operación hacia 2035, consolidando una alianza energética inédita.
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