Los científicos de la NASA se asoman al océano y descubren la diminuta criatura que mantiene vivos a los titanes del mar
La pérdida de este plancton rojo debilitaría a casi todos los depredadores en los niveles superiores de la cadena alimentaria.


La oceanógrafa satelital Rebekah Shunmugapandi, del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas de Maine, han demostrado en diferentes zonas del norte de Europa que los grandes bancos de zooplancton pueden alterar de forma medible el color del océano a escala regional, sentando las bases para métodos de detección más avanzados.
Inmensos bancos de plancton rojo constituyen un banquete muy rico en calorías para ballenas, peces y aves marinas. La pérdida de este plancton en la región debilitaría a casi todos los depredadores en los niveles superiores de la cadena alimentaria.
Hasta ahora, los científicos dependían de barcos para remolcar redes de malla fina por el océano y contabilizar manualmente el plancton, un proceso costoso y laborioso que ofrecía solo una pequeña ventana a vastos hábitats marinos. Ahora ya no, ahora son visibles desde el espacio.

El equipo de Shunmugapandi procesó datos MODIS en mapas de color mejorados que resaltaron las zonas rojas anormales. Una de estas imágenes, del Golfo de Maine, mostró una densa mancha con una densidad estimada de unos 150.000 individuos por metro cúbico.
Bancos de Calanus finmarchicus de más de 640 kilómetros cuadrados de ancho, visibles directamente en las imágenes satelitales, confirman que los grandes bancos de zooplancton pueden alterar de forma medible el color del océano a escala regional, sentando las bases para métodos de detección más avanzados. Y es que rastrear a Calanus es fundamental para comprender y predecir la distribución de las ballenas.
Se dice en las películas que siguiendo el rastro del dinero se llega a la historia clave. En este caso, siguiendo el rastro del plancton rojo, se llega a las ballenas. Los movimientos de las ballenas francas del Atlántico Norte están estrechamente vinculados a la ubicación de los bancos de Calanus finmarchicus; las ballenas se alimentan rozando la superficie de estos crustáceos, y cuando el alimento se vuelve más difícil de encontrar, se desplazan más allá de sus zonas de alimentación tradicionales, a veces hacia rutas marítimas y zonas de pesca, donde aumenta el riesgo de enredos y colisiones.
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Estos mapas oceánicos podrían ayudar a los científicos a pronosticar los destinos más probables de las ballenas en una temporada determinada. Unas predicciones mucho más precisas permitirían respuestas más rápidas, como la reducción voluntaria de la actividad pesquera, el cierre temporal de la pesca o la modificación de las rutas de las embarcaciones, especialmente cuando se observan ballenas en concentraciones inusuales.
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