Los científicos coinciden: así afecta el cambio de hora a los niños
Según los expertos, el cambio de hora provoca un efecto ‘jet lag’ que puede durar unos diez días. Se dan efectos como irritabilidad o somnolencia.

El primer cambio de hora del año ya está aquí. Pese a que son muchas las voces críticas con este momento, diseñado en su momento para el ahorro y para ganar horas de luz. No convence a todos y todos los años surge el debate de si se debería seguir con él o apostar definitivamente por un huso horario.
Un cambio de una hora, aunque mínimo, que no afecta a todos por igual. Los más sensibles a este cambio son los niños y los ancianos, debido a la modificación que produce en sus rutinas. Los efectos, hasta que el cuerpo recupera de nuevo las rutinas, pueden durar varios días.
Todo, pese a que el horario de verano es el que más favorece a nuestro reloj biológico al contar con más horas de luz. “El ritmo circadiano tarda 3-4 días en adaptarse. Los niños pueden tardar más, sobre todo los más pequeños”, explica a Europa Press Milagros Merino Andreu, responsable de la Unidad de Trastornos Neurológicos del Sueño del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
En el caso de los más pequeños, les causa un efecto similar al ‘jet lag’ de los vuelos con cambios de hora que puede durar unos diez días, con síntomas como la irritabilidad o la somnolencia. Una alteración en el sueño, una actividad que es clave para el crecimiento, el cerebro y el equilibrio emocional de los niños. De acuerdo con la Sociedad Española de Neurología, apenas el 30% de los niños mayores de 11 años duerme el número adecuado de horas.
Efectos de corto plazo
Los efectos no son preocupantes, pero es una evidencia que estos cambios de hora afectan al sueño, especialmente al de los bebés, que pueden experimentar dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos o madrugadores, cambios de apetito, cansancio o irritabilidad. “Les cuesta coger el sueño, y un niño con falta de sueño, más que somnoliento, está irritable, inquieto e inatento”, explica la experta.
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No obstante, son unos efectos leves hasta que se retoman las rutinas habituales. La mejor solución, según indica Milagros Merino, es tener horarios regulares, especialmente en lo relativo a las horas de acostarse, comer o actividades sociales.
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