Científicos cazan por primera vez misteriosas chispas eléctricas azules sobre las copas de los árboles durante tormentas
Un equipo de Penn State logra documentar en plena naturaleza las esquivas coronas eléctricas que durante casi un siglo solo habían sido una suposición.

Durante casi un siglo, la comunidad científica sospechó que las tormentas eléctricas podían generar diminutas descargas en las copas de los árboles. No obstante, un equipo de la Pennsylvania State University ha conseguido lo que hasta ahora parecía imposible: registrar en plena naturaleza las espectrales chispas azules conocidas como coronas parpadeando sobre árboles durante tormentas reales en la costa este de Estados Unidos.
El estudio, publicado este mes en Geophysical Research Letters, detalla una investigación que aunó meteorología de campo e ingeniería improvisada. El autor principal, Patrick McFarland, y su equipo transformaron una minivan en un laboratorio móvil. Equiparon un Toyota Sienna de 2013 con una estación meteorológica, detectores de campo eléctrico, un telémetro láser y un periscopio instalado en el techo que dirigía la luz hacia una cámara ultravioleta de alta sensibilidad.
La cámara UV fue la clave del experimento. Aunque las tormentas oscurecen el cielo, la luz ambiental continúa siendo suficiente para ocultar a simple vista el tenue resplandor visible de las coronas. Solo mediante el espectro ultravioleta pudieron aislar esas chispas casi invisibles. Para instalar el equipo, el grupo retiró un asiento y practicó una abertura de unos treinta centímetros en el techo del vehículo, sacrificando cualquier valor de reventa en favor de la ciencia.
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Las coronas eléctricas podrían haber influido en la evolución de los árboles durante milenios
Durante el verano de 2024, los investigadores persiguieron tormentas desde Florida hasta Pensilvania. En Pembroke, Carolina del Norte, apuntaron sus instrumentos hacia un liquidámbar mientras la tormenta descargaba sobre la zona. En apenas 90 minutos registraron 41 coronas en las puntas de sus hojas. Los destellos, que podían durar hasta tres segundos, parecían saltar de una hoja a otra. También detectaron descargas similares en un pino taeda cercano y bajo otras cuatro tormentas en diferentes especies arbóreas.
Este fenómeno se produce cuando la carga eléctrica de la tormenta induce una carga opuesta en el suelo. Esa energía asciende hacia el punto más elevado que haya disponible (normalmente la punta de las hojas) y se libera en forma de débiles chispas ultravioleta. Según las estimaciones del equipo, decenas o incluso cientos de hojas en la copa de un solo árbol podrían emitir coronas simultáneamente durante una tormenta de alta intensidad.
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Más allá del espectáculo visual, las implicaciones científicas son importantes. En laboratorio, estas descargas han llegado a chamuscar las puntas de las hojas en cuestión de segundos. Investigaciones previas del mismo grupo ya habían demostrado que las coronas generan radicales hidroxilo, compuestos que ayudan a limpiar la atmósfera de gases como el metano, aunque también pueden favorecer la formación de ozono y aerosoles. El nuevo trabajo abre la puerta a estudiar si estas descargas repetidas, a lo largo de miles de años, han influido en la evolución y morfología de los árboles. Después de décadas de hipótesis, la evidencia directa confirma que este espectáculo eléctrico invisible forma parte real de la dinámica de los bosques bajo tormenta.
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