Ciencia

Carl Sagan, astrónomo: “El universo no fue hecho a la medida del hombre, tampoco le es hostil. Le es indiferente”

El científico comprendió cómo la sociedad podía entender las estrellas y dedicó gran parte de su vida a desentrañar los secretos del universo.

Carl Sagan, astrónomo: “El universo no fue hecho a la medida del hombre, tampoco le es hostil. Le es indiferente”
Marta Tejedor
Actualizado a

La serie de televisión Cosmos fue un antes y un después en el mundo de la divulgación científica. En ella, Carl Sagan hacía uso de sus conocimientos en astrología y abría un baúl de los tesoros lleno de maravillas del universo ante los ojos de millones de espectadores. No era ciencia ficción ni magia, era ciencia en su estado más puro.

A finales de 1996, el mundo se despedía de quien fue uno de los mayores divulgadores científicos en la historia de la ciencia, pero en la sociedad permaneció su legado televisivo. Un legado que rechazaba cualquier intención de explicar el universo a través de rumores y creencias. “El Universo no fue hecho a la medida del hombre, tampoco le es hostil. Le es indiferente”.

Con esta frase, Sagan defendía que la ciencia siempre debe basarse en pruebas verificables y evidencias, nunca en creencias no respaldadas. Su influencia en la sociedad quedó reflejaba bajo esta afirmación. El astrónomo animaba a los espectadores a entender el mundo desde un punto de vista científico e intentaba hacerles entender el por qué de la existencia de todo aquello que conocemos y, sobre todo, de lo que aún desconocemos.

“Lo importante no eres tú: son ellas”

Cada una de las explicaciones del astrónomo acercaban más a los espectadores a su idea central: el ser humano es tan solo una especie que vive sobre un planeta cualquiera. El universo es un espacio inmenso, del cual queda aún por conocer, y cada uno de los habitantes de la Tierra no son más que meras motas de polvo en una inmensidad cósmica.

“El ser humano no es importante para el universo, pero sí es inmensamente afortunado porque puede contemplar la inmensa grandeza de ese universo y maravillarse a causa de ello”, explicó el astrónomo. “Cuando miras las estrellas, lo importante no eres tú: son ellas. Y siéntete feliz de poder mirarlas”.

Su pasión por las estrellas le llevó a especializarse en el campo de la astrología, sin embargo, su carrera como científico se vería mermada por los prejuicios de las grandes élites de la ciencia. Su reputación como divulgador científico en su serie de televisión, lejos de ser una evidencia a su gran pasión e interés por la astronomía, le convirtió en una especie de celebridad carente de seriedad para sus colegas científicos. Fueron estos precisamente quienes votaron en contra de su admisión en la Academia Nacional de Ciencias en 1992.

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Su rechazo mostraba los prejuicios que existían sobre los divulgadores científicos y, al igual que la Tierra con el Sol, estas creencias seguirían girando alrededor de Sagan hasta su muerte. Sin embargo, mientras sus colegas científicos miraban al astrónomo por encima de sus hombros, millones de personas encendían la tele para aprender y comprender el funcionamiento del universo. Con su esfuerzo, Sagan consiguió hacer lo que antes parecía imposible: cogió las estrellas y las colocó en el corazón de las personas.

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