Así se está reduciendo el mar interior más grande del mundo
El Mar Caspio retrocede a un ritmo sin precedentes. Su bajada amenaza a personas y ecosistemas únicos.


El Mar Caspio, el mayor cuerpo de agua sin salida al mar del planeta, está experimentando un retroceso histórico que ya ha dejado áreas de costa seca a más de 50 kilómetros del agua. Este fenómeno, impulsado principalmente por el cambio climático, está convirtiendo humedales en desiertos y dejando puertos pesqueros e infraestructuras inútiles.
La reducción del nivel del agua ha sido constante en las últimas décadas, pero desde 2020 el descenso se ha acelerado hasta alcanzar los 30 centímetros por año. En julio de 2025, científicos rusos confirmaron que el mar se encontraba por debajo del mínimo histórico registrado. Las proyecciones indican que, incluso con un aumento global limitado a dos grados, el nivel podría bajar hasta diez metros respecto a 2010, con un escenario más grave que prevé pérdidas de hasta 18 metros.
Consecuencias del retroceso
Las consecuencias para la biodiversidad son graves. Estudios advierten que cuatro de cada diez ecosistemas exclusivos del Caspio desaparecerían y que especies como la foca del Caspio podrían perder más del 80% de su hábitat. Además, el esturión, vital para la pesca en la región, vería comprometidas sus áreas de reproducción. El retroceso, además, expone lechos marinos que podrían liberar polvo tóxico, con riesgos directos para la salud.
El impacto humano también es alarmante. Alrededor de 15 millones de personas dependen del Caspio para su subsistencia a través de la pesca, el transporte marítimo y la extracción de petróleo y gas. La reducción del caudal del río Volga, la principal vía de conexión con el Mar Negro y Europa, compromete el comercio y obliga a limpiar las rutas para mantener operativos puertos como Aktau o Bakú. Todo esto supone un coste de miles de millones y amenaza con desplazar a comunidades enteras.
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Ante esta situación, los países ribereños (Azerbaiyán, Irán, Kazajistán, Rusia y Turkmenistán) han comenzado a coordinar acuerdos intergubernamentales. Sin embargo, algunos expertos alertan que el ritmo de cooperación política podría no ser suficiente frente a la velocidad del retroceso. El futuro del Caspio se plantea como un caso clave de los efectos del cambio climático en grandes cuerpos de agua y un reto urgente para equilibrar la protección ambiental con los intereses económicos y humanos.
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