Así funcionan las ‘trampas del viento’ de Irán: capaz de enfriar edificios de forma natural
Los badgir o torres de viento persas son una tecnología milenaria que podría inspirar a las futuras ciudades sostenibles.


En pleno debate internacional sobre cómo enfriar ciudades cada vez más calurosas, reaparece una lección olvidada de la arquitectura tradicional iraní: los badgir, o torres de viento, un sistema pasivo de refrigeración que lleva utilizándose desde hace más de 2.500 años en regiones desérticas como Yazd.
Estas estructuras, que parecen chimeneas altas coronando las casas de adobe, no sólo sobrevivieron al paso del tiempo: hoy vuelven a despertar interés en un planeta que sufre temperaturas extremas y dependencia de aparatos eléctricos.
Los badgir funcionan canalizando el viento hacia el interior de las viviendas y expulsando el aire caliente mediante diferencias naturales de presión. En muchos casos, el aire frío se potencia al circular sobre depósitos subterráneos de agua (los antiguos qanat), creando un sistema de climatización pasivo que refrescaba casas, mercados y depósitos sin utilizar energía. Esta técnica permitió que comunidades del desierto vivieran con relativa comodidad en veranos que superan los 40ºC con facilidad.
La ciudad iraní de Yazd conserva más de 700 torres de viento, algunas levantadas en el siglo XIV, aunque el concepto es mucho más antiguo. Allí, estas torres no solo refrigeraban hogares, sino que impulsaron la prosperidad de una urbe que era punto clave en la Ruta de la Seda gracias a su capacidad para hacer habitable un entorno hostil.
Lejos de ser reliquias, los badgir han vuelto a interesar a urbanistas y arquitectos contemporáneos porque demuestran que la sostenibilidad no siempre depende de soluciones complejas o de alta tecnología: la torre más alta, de 33 metros, sigue funcionando sin electricidad y sin generar emisiones. Expertos en diseño bioclimático señalan que su simplicidad y eficacia, desmontando la idea de que la arquitectura sostenible debe ser cara o tecnológicamente sofisticada.
Esta visión ha inspirado proyectos modernos en lugares como Masdar City (EAU), donde edificios diseñados para la COP28 incorporan ventilación natural basada en principios similares, o incluso en complejos icónicos como el Eastgate Centre de Harare, que tomó como referencia los sistemas de ventilación natural de los termiteros, muy cercanos en concepto a los badgir.

Qué hacer ante el calor extremo
En un momento en el que Europa y América discuten cómo adaptar sus ciudades al calor extremo, algunos arquitectos y académicos plantean recuperar tecnologías como las torres de viento iraníes e integrarlas en proyectos contemporáneos: rascacielos ventilados naturalmente, barrios diseñados para generar corrientes de aire, o espacios públicos que refrescan sin consumo energético.
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Expertos citados por medios internacionales destacan que estos sistemas podrían reducir la dependencia del aire acondicionado, cuyo uso masivo incrementa la demanda eléctrica y las emisiones en días de calor récord. La arquitectura persa demuestra que ciudades enteras se refrigeraron durante siglos interpretando el clima, no luchando contra él.
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