VALENCIA 0-ATLÉTICO DE MADRID 0

Sequía total en Mestalla

Valencia y Atlético desplegaron un partido de mucho esfuerzo, intensidad, fases de buen juego, pero sin puntería. Oblak y Neto, de los mejores. Ambos, igualados a 5 puntos.

Sequía total en Mestalla
MIGUEL ANGEL POLO
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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Mestalla tiene fútbol y Simeone un rival que siempre es lunes, Marcelino, que devuelve al Valencia a LaLiga y le araña al Atleti dos puntos más. Un Atleti con la solidez de siempre, ya se llame sus cimientos Giménez-Godín o Savic-Lucas, y también ese viejo problema: la falta de gol.

Con el debut dentro de tres días en la Champios, entró mejor el Atlético, que era el de Las Palmas, el doctor Jeckyll. Simeone había dejado a los Hombres G en el banquillo, Giménez y Godín también, Gabi de nuevo, los Hombres G que miraban a sus herederos en la hierba. Mismo estilo, nombres nuevos, los chicos, los jóvenes. A los cuatro minutos Correa se escapó, quebró la cintura de Gabriel y obligó a Neto a la primera gran parada de la tarde.

Otra vez Thomas al principio. Y Koke poniéndole su nombre a cada una de las briznas de la hierba de Mestalla. En el DNI, 25 años, al brazo la C de capitán, allá donde miraras, allá estaba. En los primeros minutos entre él y Thomas le daban firmeza a un Atleti que no dejaba al Valencia poner un pie de su área. Un dominio con el había borrado al Valencia como si fuese de tiza. Sólo le faltaba el gol.

Al cuarto de hora una orden salía del banquillo de Marcelino: “Líneas juntas, líneas juntas”. Mejoró el Valencia, como si su partido hubiese comenzado en esa orden. Kondogbia empezó también a ponerle su nombre a cada brizna de Mestalla con orden en la defensa y cabeza y técnica en la distribución. Perfecta pareja de Parejo. El partido se equilibró en el dominio y las ocasiones: a un tirazo de Pereira respondía Carrasco con una jugada poderosa donde regateó a todo aquel que salió a frenarle pero se confundió al final: en vez de chutar o cedérsela a Vietto decidió seguir. Seguir para morir estampado en una cárcel de defensas a los pies de Neto. A veces le sobran dos regates.

En el intercambio de golpes, el Valencia rondaba más pero sólo pellizcaba y al final de las contras del Atleti estaba Vietto. Que sí, que mezcla mucho mejor pero sigue teniendo la definición del primer Vietto en el Atleti, desajustada, exigua. La más clara de la primera parte fue suya: regalo de Kondogbia en su área, control perfecto a la media vuelta y la noche al disparar, como si la portería, gigante y sola ante él, se hubiese convertido en la entrada a un hormiguero, punto minúsculo. O su talento, mientras se aleja.

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El Valencia-Atlético regresó de la caseta igual: intercambio de golpes de dos equipos rocosos de intensidad similar. Y también puntería. Porque si corría uno al área rival y contestaba lo mismo el otro pero sin definición al llegar a lo importante, a portería. Simeone trató de cambiarlo cambiando los cromos: fuera un Carrasco más activo que efectivo y dentro un Gaitán que en el primer balón que tocó obligó a Neto a sacar una mano por bajo para evitar el gol. No pasaría sin embargo con los dos siguientes. Entraron Torres y Gameiro y lo que ahora se borró como si siempre hubiese sido tiza fue el peligro rojiblanco.

No cambió el partido, incapaz de hacer ocasiones claras ante un rival muy igual, también en eso: Zaza muy activo, pero con cero disparos a puerta. Abocado al 0-0 terminó el partido como empezó. Un punto que en Mestalla sabe a Champions y que para Simeone es un dèjá vu, otro lunes ante Marcelino. Y dos puntos menos más en su Liga particular y un rival que le mira de frente. Ojo al Valencia. Ojo a el Roma.  

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